Cuentos y relatos

Nena Garland (Perú,19__ -2008)
Destacada actriz de teatro y autora de los poemarios Andamios I y Andamios II, además del libro de cuentos Solitarios.

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RODRIGO

Agonizaba era imposible decir si se trataba de un hombre, una mujer joven o viejo. porque en definitiva era un despojo irreconocible sobre la cama angosta y destartalada. Por momentos parecía que abandonaba ese cuerpo maltratado, pero siempre volvía, aferrándose con mas fuerza al hilo de la vida.

No recordaba qué le había sucedido, ni cómo había llegado a ese hospital de tercera. En escasos momentos de conciencia trataba de oír las conversaciones a su alrededor, pero éstas eran pocas y breves; y lo único que sacaba en claro era que se moría sin remedio.

Entonces pensaba que lo mejor era dejarse ir y deseaba la muerte. Esbozaba algunos rezos donde pedía fin a su existencia. Sin embargo no pasaba nada.

A veces sentía a su lado la presencia de una mujer, que definitivamente no era una enfermera. Tenía una voz cálida que le ayudaba más que cualquier medicina . Pasaba muchas horas a su lado y le hablaba sin parar.

Esa mujer se había convertido parte del mobiliario de la habitación y las enfermeras la compadecían en silencio pero con afecto.
Una noche su cuerpo desfigurado sólo parecía descansar al fin de tanta aguja y suero. La mujer al percatarse de su huida , llamó desesperadamente al médico de guardia a quien acosó y amenazó entre lágrimas secas. Después, rezaba, esperaba que el medico lo salvara.

Por fin salió el doctor y le dijo que milagrosamente había vuelto a la vida. Ella respiro hondo y agradeció al médico

Cuando se disponía abandonar el hospital, éste la detuvo para confirmar su parentesco con el paciente ¿Era su madre?  La mujer con su voz simple cálida le respondió que no, y que en realidad no tenía ningún parentesco con el enfermo.

Entonces, el médico le preguntó el porqué de su abnegado comportamiento. Ella bajo control, le contó que su hijo Rodrigo había muerto en un incendio provocado por el hijo de puta de ese cuarto, y que el único deseo que ella tenía,  era que el maldito viviese para que sufriera en vida la muerte de su hijo.

Dicho esto, se dio la vuelta, dejando al médico sin palabras y se dirigió al ascensor, sin dejar de saludar a las enfermeras que se cruzaban en su camino.

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