El taller de relato y narrativa breve  permite a sus miembros ensayar, mejorar e intercambiar sus conocimientos creativos. Funciona a través de e-mail y cuenta con un foro en donde se ha implementado un banco de datos de concursos literarios, así como un archivo de los que llamamos "cuentos magistrales" (ya que nos enseñan el arte de escribir un cuento).
El taller es gratuito y son bienvenidos quienes deseen participar, con la única condición de ejercitar su crítica literaria al comentar los textos de otros talleristas y, por supuesto, cumplir con los ejercicios de cada clase.
 

Foro de taller
Foro h_literario (foro de discusión Híbrido Literario)
 

A continuación una muestra de los mejores ejercicios hasta el momento (esta página se actualizará cada mes)
 
 

Fiorella Magán
Frank Rommey
Nidya Garzón
 
 



enlaces para los participantes del taller:
 decálogos y antidecálogos


FIORELLA MAGAN

LA ETERNIDAD Y LOS ESPEJOS

Me miras sin verme. Mi condena es proyectarme en tu reflejo, en lo subjetivo de la imagen que mi
superficie te devuelve. Hace unos meses llorabas casi a diario frente a mí y el vapor de tus sollozos me
empañaba la visión de tu rostro enrojecido. Ahora es cada vez menos. Se que a veces también me odias por
suponerme imparcial. No puedes saber cuanto de tu propia existencia esta contenida en la mía, no puedes
saber de la eternidad, todavía no.

La mujer de las muñecas rotas que yo puedo ver perfectamente detrás de ti y que tu eres incapaz de
percibir mientras depilas cuidadosamente tus cejas (mis cejas), ella sabe. Tú también lo sabrás. Alguna
vez todos fuimos novatos en esto. Es cuestión de acostumbrarse.

Ella ya tiene algún tiempo tratando de acariciar tus cabellos, de hablarte. Ella aun no se acostumbra a que
tu no la veas. Ella estuvo antes que tú, que ahora esparces cuidadosamente una ligera capa de base por tu
rostro y lo conviertes en lienzo. Sobre ese lienzo pintas un paisaje, la limitada visión de lo que
consideras hermoso. Te haces espejo para los otros. No para mí. No para ella. Pero eso tu no lo sabes ni te
interesa saber. Prefieres pensar que el dolor se ha ido porque no la lloras más, porque ahora hay otra
mujer, un cuerpo cálido, firme, suave y voraz que se superpone vibrante a la evanescencia del recuerdo.

Y mientras esa otra reclama su propio espacio en tu vida, mientras tú lloras cada vez menos y escondes la
tristeza donde sólo yo puedo verla cuando te/me miras a los ojos por las mañanas, la mujer de las muñecas
rotas que aun no se sabe recuerdo, trata de pedirte perdón, trata de explicarte que no fue por ella, ni
por ti ni por nadie, que fue sólo un error. Trata de limpiar la sangre de las paredes, del piso, la sangre
que tu no ves más porque has usado bastante desinfectante y has cambiado el empapelado del baño
para borrar sucesivamente la sorpresa, el horror, la impotencia, el dolor y la rabia.

Se que un día, cuando ella se haya acostumbrado lo suficiente, tratará de tocarme por fin, dejará de
mirarme con recelo sólo porque no la reflejo más y se dará cuenta, por fin, de que la veo, de que la he
visto siempre. Y no llorará más porque habrá descubierto que ya no tiene sentido, que no hay sangre
que limpiar, que sus muñecas ya no están rotas, que el baño tiene un empapelado nuevo y que la mujer que
ahora vive contigo y que todos los días me mira pensando que se mira en mi no es “la otra”, es
simplemente otra. Y entonces, al extender sus manos hacia mi, descubrirá lo hermosa que puede ser la
eternidad detrás de los espejos. Tú lo sabrás también, a su tiempo.
 

Lima. 29 de Enero, 2003.

©Fiorella Magán
 


 

Escritora, perteneció a la asociación cultural Libro Abierto.
Tuvo una mención honrosa en la segunda edición del premio Magda Portal en el 92 . En el 93  obtuvo el 1er premio en el  concurso del IPP. Fue coordinadora del taller "Técnicas para escribir un cuento"  Es la webmaster de Híbrido Literario.
 
 


Frank Rommey



 
 
 
 

LA MUÑECA

Malena me estaba apretando con la fuerza que dá el terror. Me estaba sintiendo en peligro de ser aplastada como por una aplanadora.

Fué algo placentero la fiesta de la que regresabamos, toda una tarde de jugar, mientras el sol primaveral recorrió el largo camino desde el mediodía hasta un ocaso que se llenó de estrellas guiñando en un cielo purpura tornado azul-negro. Como todo en la vida, la fiesta llegó a su final, y emprendimos la vuelta a la casa, yo en los brazos de Malena, que no dejaban de mecerme.

Adormecida en el vaivén, no pude dejar de percibir un dejo de tensión, puede ser que en la voz de la madre de mi niña, o quizás en las espesas, confusas respuestas de su padre.

Los conos de luz de las farolas a lo largo del camino daban una impresión extraña al revelar los rostros de los niños casi dormidos en el asiento trasero del automóvil, alternando sus caras iluminadas con otras en densas sombras.

De tanto en tanto una invasión de luz desde el frente del vehículo, convertía la noche en día, para desvanecerse en un instante. De a poco empecé a notar que simultaneamente, una irritada bocina crecía y sin parar luego parecía perderse
en la lejanía. Y tambíen me daba la impresión que el vaivén se acentuaba en esos momentos.

La madre de mi niña comenzó a implorar con un tono de desesperación y su padre, con irritación gritaba algo que no se podía entender, en un tartajeo balbuceante.

Otra luz que llegó más cerca que todas las anteriores, de pronto se convirtió en un estallido ensordecedor, ruidos de vidrios explotando, y metales que se rompían. Malena me apretó salvajemente, y nos sentimos lanzadas contra paredes
implacables y sin merced. Me sentí dando vueltas y recibiendo golpes todavía en los brazos de mi niña. De pronto, me ví lanzada en el aire, impulsada por una fuerza desconocida, mi niña desapareció ante mi vista, y luego en un corto
instante, encontré un suelo impenetrable que terminó con mi horrible vuelo. Sentí un ruido grande en mi cabeza, y me detuve en la rodada. Mis ojos estaban abiertos pero miraban a diferentes lados.

De pronto el silenció nos golpeó, más fuerte que todos los golpes que había recibido. Nada se escuchaba en la oscuridad. Por lo menos por un largo momento.
Luego, luces y sirenas lejanas empezaron a introducirse en la noche acercándose con cuidado. Voces y gritos, y luces parpadeantes nos rodearon en un instante, pero no sentí ni oí las de los niños o los padres. Luces y gritos, pero Malena
no venía a recogerme, a abrazarme. Y de pronto tuve todo el miedo del mundo refugiándose en mi pecho roto.

Una sombra se destacó bajo las parpadeantes luces rojas y azules que me iluminaban y se acercó donde yo estaba. Sentí unas manos temblorosas que me alzaban del duro pavimento, y unos ojos brillantes en un rostro esfumado en
penumbra me miraron. Suavemente las manos juntaron las dos mitades de mi cabeza, y mientras me sostenía, un pañuelo limpió el polvo y las manchas de sangre de mi rostro.

Subitamente, bajo un cielo estrellado, sin nubes, sentí una lluvia lenta, de gotas gruesas y salobres, mojando mi cara.

4 de Febrero del 2003
Frank Rommey


 

Argentino, nacido en Buenos Aires, creció en la ciudad de Mar del Plata. Graduado como Ingeniero de la UBA, trabajó como consultor y docente, emigrando a los Estados Unidos en 1979. Al presente vive en Tejas. Tiene dos proyectos en castellano: Charlas de Café, relatos cortos sobre diversos temas, y Viñetas de un Mar Argentino, un poemario.  "The Lords’ Chronicles" es el título de la serie de ficción histórica en inglés, en la que ha estado trabajando los últimos quince años.
 


NIDYA GARZON

LA INTRUSA


Aquella mujer siempre lo espiaba. Esa tarde lo siguió cuando salía de su trabajo, estaba cansado y sólo quería dar un paseo antes de llegar a casa. La brisa acariciaba su rostro, llevaba las manos en los bolsillos y observaba el vaivén de las palmeras que arrullaban sus pasos; ella sigilosamente, caminaba a cierta distancia. Su obsesión la había llevado a cometer locuras hasta el punto de llegar a inmiscuirse -sin que él lo supiera- en su proopia casa. Frecuentaba los lugares a dónde solía ir su esposa, entabló una amistad con ella y pasaba gran parte de su tiempo fisgoneando astutamente.
 
 

Ahora, no podía creer lo que estaba viendo. Observe que su rostro palideció; una mujer que ella no conocía, salió al encuentro del hombre que creía amar. Casi desesperó al ver como él correspondía a un apasionado beso. Luego, la tomó de la mano y caminaron por la orilla de la playa, al son de los tambores…
 
 

Lloró amargamente mientras ellos conversaban, jugaban, eran cómplices; recuerdo que el tiempo pasó lentamente y esa noche ella supo que no era la única intrusa en la vida de aquel hombre que ella a hurtadillas perseguía, jamás ocuparía un segundo lugar… Detrás de ella, yo los espiaba a los tres…
 
 

©Nidya Garzón Castañeda


Por esas cosas que llamamos destino me gradué como licenciada en artes plásticas; he cursado 5 años de cerámica y técnicas decorativas; cursos libres de pintura y escultura; siempre estoy en esa búsqueda de aprendizaje continuo, no sólo en lo que se refiere al arte o la literatura –área en que estoy incursionando-, sino en el conocimiento de mi misma para crecer y evolucionar como ser humano; y para trascender a mundos invisibles.
Soy oriunda de una población colombiana llena de historia, tierra que regala el aroma del café a la piel y adorna la belleza con esmeraldas.
Me gusta escribir por vocación y he comenzado un camino largo que no alcanzaré a recorrer. Escribo poesía que brota de mi esencia dual, versos que insisten en volar y recorrer fronteras inexistentes.