Cuentos y relatos
Richar Primo Silva (Perú)
Escritor. Se dedica a la docencia y ha desarrollado talleres de creación literaria para la Universidad de Lima, el Museo de Bellas Artes, entre otros. Ha sido colaborador cultural para la Comisión Peruana de Colaboración con la UNESCO. Es autor de libros de gramática, ortografía y redacción: La magia de las palabras y Ortografía para todos . Ha publicado el libro de relatos Epistolario de Javier...y otros cuentos Ha sido premiado en el concurso de cuento Las Mil Palabras de la revista CARETAS y en el concurso Julio Ramón Ribeyro organizado por la ACJ
JUGANDO A QUE SÍ SE PUEDE
Listo carajo, ya salió la orden, todo el pelotón a
romper la madre, lo ordena el Mayor: golpe a todos los
revoltosos, sin contemplaciones. ¿Y Liliana? habrá que
romperle la boca por haber dicho que no me quería,
esta noche, apenas la vea. Suenan las sirenas y
entonces los escudos en alto. El sargento Carrasco
dispara dos lacrimógenas y el Mayor dice que dos más,
a las mierdas esas de la otra esquina. Los curiosos
se dispersan porque sino empiezan a llorar. Liliana,
¿pero cómo pudiste hablarme de esa manera? Un aire
caliente recircula por toda la avenida y se oyen los
gritos del Mayor que se está arrancando los bigotitos
uno por uno, está enojado: cabrones. Seguro que
Liliana siempre sospechó, cojuda, y usted: cojudo
Santillana, en qué mierda piensa, entre a la candela y
traiga detenidos. Te amo, Liliana.
Un grupo de policías se disloca a la carrera tratando
de cercarlos, pero los revoltosos son rápidos: carajo,
ya han ganado la otra calle y, parapetados detrás del
gentío confuso y asustado: tírenles piedras muchachos,
son la represión, cuiden a las mujeres, siempre de a
dos y si los cogen, pico de cera, y cuidado con ella,
la del pelo largo y los pantalones finos, la más
rabiosa, la más riquita, la que dice que ha
descubierto su destino con los pobres de su pueblo, si
no la sacan va a caer
La plaza se ha jodido, la turbamulta se encabrita con
el humo picante, quién es quién, que vaina. Los autos
han sido desviados unas cuadras antes, el cordón
policial se está cerrando sudorosamente, se rompen
pancartas y banderas rojas, y hay rabia y miedo y
también Liliana con sus besos alocados en la boca, en
el cuello, y sus manos como papel crepé, cariñosa,
Liliana, y luego, carajo, tus ojos indignados, tus
dientes de gata, agrediéndome, odiándome: tú eres un
sucio policía. Carajo Santillana, más vivo, éstos son
duros, habrá que romper costillas y, claro, hay que
tener cuidado con los periodistas que siempre están
jodiendo !Qué ladillas, Santillana! !Zas! fotos cuando
le sacas el ancho a un pendejo y ojito cerrado cuando
los pendejos te abollan en mancha. Hay que ver cómo
son las cosas de falsas, Liliana, primero como que me
amas y hasta haces el amor conmigo, y yo, seguro de
que ya eres mi mujer y punto. Tú no me haces
preguntas sobre mi vida y yo tampoco sobre la tuya,
tiempos modernos, Liliana. Yo te callo lo de policía
porque no lo supongo tan grave y sin embargo tú, ya
con los ojos rabiosos: policía de mierda, defensor de
burgueses. Liliana, no hay derecho ¿Acaso no hay
cosas más importantes entre los dos? Pero tú:
bastardo, no puede haber nada entre tú y yo. ¿Y
nuestra noche en el hotelito con ducha caliente y
todo? Y ahora comprendo tu lenguaje indiferente a la
lucha del pueblo, carajo, Liliana, ¿Y de dónde mierda
entonces salí yo?, sucio policía, sucia la vida,
Liliana, y también enredada, confusa, como un círculo
que da vueltas y vueltas hasta que nos arroja muy
lejos, y sólo entonces, sólo allí, sabrás que el
círculo seguirá dando vueltas jodidas igual, Liliana
no te quiere, Santillana.
Los revoltosos se han reorganizado y avanzan en
grupos inquietos. Están repletos de piedras, piedras
hasta en la boca, Santillana. El Mayor ya casi no
tiene bigotitos, qué jodidos, Carrasco, tenemos cuatro
guardias con las costillas rotas y una tanqueta
malograda y el Mayor, quiero detenidos, muchos
detenidos, y ellos: por eso siempre de a dos
muchachos, sin miedo a la represión, con un pañuelo
mojado en la cara, dispersándose rápidos, y cuidado
con la muñequita rabiosa, miren que si la detienen la
pasan por las armas, hasta el Mayor se matricula.
Los ojos pican y arden, la garganta pica, todo pica
por el gas y la tarde se va descolgando como
clandestina y temerosa. Entonces todos atacan como en
las películas, ustedes los malos, nosotros los buenos
y luego al revés. El círculo constante Liliana, el
juego en serio, ¿Me entiendes?, y tú y yo en dos
puntos lejanos girando y girando, yo soy un sucio
policía, pero júrame que lo tuyo no tiene un fango
reseco en el borde de cada palabra, Liliana bonita,
uno hace lo que puede para sobrevivir y eso cuéntaselo
a cualquier imbécil de esos que te interrumpen la
vida, como a mí. No fuerces muñeca, quédate quieta,
pegadita a la pared, olvídate de mi uniforme y yo me
olvido de tus odios confusos, bonita Liliana, no te
vayas, mira que te hago escándalo, ¿Acaso tu piel
suavecita y desnuda bajo mi cuerpo no valió nada? Te
voy a seguir hasta que me escuches, ¿Tampoco el
taquito roto, la fiesta, el hipo, mis días de franco,
tu deseo?, Ven Liliana, hay tantas cosas ya.
"Santillana, con cuatro a la derecha, por esa calle,
agárrenlos" y !paf!, piedrón en el ojo: como un hueco
en el pómulo, carajo Liliana, tú no entiendes cómo
duele esto. Se jodieron mierdas, si hubiese orden de
tiro. Asesinos del pueblo: Liliana. Una decena de
muchachos se dispersa por una calle estrecha y sucia,
atrás los de uniforme pisando los charcos verdosos y
espantando perros, corriendo Santillana. El hueco de
la cara ahora se hincha como una pelota, como que las
cosas se hacen más chicas. Corran muchachos. Cae una
silueta. "Agárrala Santillana", te jodiste pendeja, ya
te agarré de los cabellos. Un llanto finito, como un
hilo, y luego el rostro suplicante con los gestos,
temblando, con los labios encendidos, casi de rodillas
y con un pie desnudo, muñequita, me quiero casar
contigo, no me rechaces, piensa en el círculo
¿Piensas? Las sirenas van y vienen, asustan, Liliana
dobladita, Santillana con una cara de cojudo.
¿Olvidarás muñequita?, eres tan finita, la piel más
suave que he tocado y ahora, como que te quiebras: ya
no seré policía.
Carrasco que se lanza sobre otro a media cuadra, y
Liliana llorando más, gritando a ratos, eres tan
frágil muñeca, no debiste meterte en esto, ¿Me
aceptarás, Liliana?, quiero amarte mucho, y ella de
rodillas, agarrándome de la piernas, como besando mis
botas: tu rostro mojado, tu llanto, y Carrasco y los
demás ahora más cerca: ya basta Santillana, no la
golpees así, la vas a matar.
Y todo por ti, Liliana, y por ese círculo que nos
ha estrangulado.
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