Roxana Crisólogo (Perú,1966)

Ex-integrante del grupo literario Noble Katerba, ha participado en múltiples recitales y publicado en distintas revistas del medio. Con estudios de literatura en La universidad Nacional Mayor de San marcos, concluyó la carrera de Derecho en la Universidad Nacional  Federico Villarreal. Actualmente cursa una maestría en derecho internacional y de género en Helsinki, Finladia. Ha publicado: Abajo, Sobre el cielo (1999) , Animal del Camino (2001)  y Ludy Di  (2006)

 

1

Puedo dibujarlo
la arena entre los dedos señala el aire de tumulto
que la saliva pesada del polvo convierte en palabras
aún el mar hiede al basural que los pelícanos
arrastran
en su infancia de plumas negras
y mi cuerpo huele al alcohol de la limpieza del cuerpo
puedo ver mis movimientos prolongarse al cuello
diáfano del conductor
el calor dopado en los ojos del trabajo del aire
la carretera que los pocos árboles afirman
en el rostro apurado de la gente
en gruesas chompas de piel
que el carbón no mina no desea labrar
más que la música desbocada que algún oleaje
a rastras ha tirado de la boca de todos
sólo anoche éramos más de treinta los que esperábamos
de la mano de un sampedro el verdadero color de los
vidrios
la legítima colonia del cuerpo
el idioma que nunca cesa de estallar

Ah viento en estas túnicas de blanco
revienta el pedal bajo esta bota charolada
tan sólo nieve en el cerebro y casi olvido
la llave que me pueda guardar
¿qué más deseo que el polvo digo yo?
el hilo ajado sinsentido que cruzo
empantanada y sin remedio
la madeja apurada en los labios gruesos
de este Arenal que bendigo.

2

La camioneta se deslizó como un jabón en la bañera
la muerte disfrazada de poste
que un toldo posesiona en el cielo
Ahí quedaron los tubos chamuscados
que forman un cordel momentáneo de gente
la hipnosis conjuntiva que me obliga a marchar
mientras el aire de todos tararea la contradicción
y en las carretillas un boquete de voces
cuelga del casco indiferente de un soldado
que la velocidad rescata en una mirada de pesca
Los floreros de verduras disipando el estío
de las manos tendidas
Las callosidades de mimbre esperando
el cambio intempestivo de la luz
como si no fuera suficiente el herbolario que mi madre
invoca para espantar lo que se resiste
La suerte hincada en la soldadura de zinc
que un huayno deshoja en el descolorido vertical
de la carretera
los cerros de hormigón que llenan de plástico el alma.

3

Lima no puedo desprenderme de ti no puedo hablarte
teniéndote de espaldas mirando la más dura
de las paredes
Las señales que se avecinan sólo empujan autos
que se concentran en raudales de humo que no contengo
ni disipo
en las inconmensurables tintas que ya intentan
vestirme como el termómetro de un discurso
por demás agotado
Lima yo sólo quiero el naranja que me trae
la buena nueva de repartir los fluidos primordiales
en la cresta de estos cerros de abanico
El puesto del gusano en la gasolinera
El roedor que tiende su cola de extremidades laxas
y huye desesperado a derretirse en las costas
amarillas de cualquier carne
A ti espero llegar percibiendo nada menos que
mi cuerpo condenado a la inexactitud de la arena
convertido en la arena de los párpados
que todo lo ven.

 

 

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