Narrativa

Fiorella Magan

By junio 11, 2018 No Comments

Escritora, perteneció a la asociación cultural Libro Abierto.
Tuvo una mención honrosa en la segunda edición del premio Magda Portal en el 92 . En el 93 obtuvo el 1er premio en el concurso del IPP. Fue coordinadora del taller «Técnicas para escribir un cuento».

LA ETERNIDAD Y LOS ESPEJOS

Me miras sin verme. Mi condena es proyectarme en tu reflejo, en lo subjetivo de la imagen que mi superficie te devuelve. Hace unos meses llorabas casi a diario frente a mí y el vapor de tus sollozos me empañaba la visión de tu rostro enrojecido. Ahora es cada vez menos. Se que a veces también me odias por suponerme imparcial. No puedes saber cuanto de tu propia existencia esta contenida en la mía, no puedes saber de la eternidad, todavía no.
La mujer de las muñecas rotas que yo puedo ver perfectamente detrás de ti y que tu eres incapaz de percibir mientras depilas cuidadosamente tus cejas (mis cejas), ella sabe. Tú también lo sabrás. Alguna vez todos fuimos novatos en esto. Es cuestión de acostumbrarse.

Ella ya tiene algún tiempo tratando de acariciar tus cabellos, de hablarte. Ella aun no se acostumbra a que tu no la veas. Ella estuvo antes que tú, que ahora esparces cuidadosamente una ligera capa de base por tu rostro y lo conviertes en lienzo. Sobre ese lienzo pintas un paisaje, la limitada visión de lo que consideras hermoso. Te haces espejo para los otros. No para mí. No para ella. Pero eso tu no lo sabes ni te interesa saber. Prefieres pensar que el dolor se ha ido porque no la lloras más, porque ahora hay otra mujer, un cuerpo cálido, firme, suave y voraz que se superpone vibrante a la evanescencia del recuerdo.

Y mientras esa otra reclama su propio espacio en tu vida, mientras tú lloras cada vez menos y escondes la tristeza donde sólo yo puedo verla cuando te/me miras a los ojos por las mañanas, la mujer de las muñecas rotas que aun no se sabe recuerdo, trata de pedirte perdón, trata de explicarte que no fue por ella, ni por ti ni por nadie, que fue sólo un error. Trata de limpiar la sangre de las paredes, del piso, la sangre que tu no ves más porque has usado bastante desinfectante y has cambiado el empapelado del baño para borrar sucesivamente la sorpresa, el horror, la impotencia, el dolor y la rabia.

Se que un día, cuando ella se haya acostumbrado lo suficiente, tratará de tocarme por fin, dejará de mirarme con recelo sólo porque no la reflejo más y se dará cuenta, por fin, de que la veo, de que la he visto siempre. Y no llorará más porque habrá descubierto que ya no tiene sentido, que no hay sangre que limpiar, que sus muñecas ya no están rotas, que el baño tiene un empapelado nuevo y que la mujer que ahora vive contigo y que todos los días me mira pensando que se mira en mi no es “la otra”, es simplemente otra. Y entonces, al extender sus manos hacia mi, descubrirá lo hermosa que puede ser la eternidad detrás de los espejos. Tú lo sabrás también, a su tiempo.

Lima. 29 de Enero, 2003.
©Fiorella Magán