Narrativa

Frank Rommey

By junio 13, 2018 No Comments

(Argentina,19__)
Graduado como Ingeniero de la UBA, trabajó como consultor y docente, emigrando a los Estados Unidos en 1979. Actualmente vive en Tejas. Tiene dos proyectos en castellano: Charlas de Café , relatos cortos sobre diversos temas, y Viñetas de un Mar Argentino , un poemario. «The Lords’ Chronicles» es el título de la serie de ficción histórica en inglés, en la que ha estado trabajando los últimos quince años.

LA MUÑECA

Malena me estaba apretando con la fuerza que dá el terror. Me estaba sintiendo en peligro de ser aplastada como por una aplanadora.

Fué algo placentero la fiesta de la que regresabamos, toda una tarde de jugar, mientras el sol primaveral recorrió el largo camino desde el mediodía hasta un ocaso que se llenó de estrellas guiñando en un cielo purpura tornado azul-negro. Como todo en la vida, la fiesta llegó a su final, y emprendimos la vuelta a la casa, yo en los brazos de Malena, que no dejaban de mecerme.

Adormecida en el vaivén, no pude dejar de percibir un dejo de tensión, puede ser que en la voz de la madre de mi niña, o quizás en las espesas, confusas respuestas de su padre.

Los conos de luz de las farolas a lo largo del camino daban una impresión extraña al revelar los rostros de los niños casi dormidos en el asiento trasero del automóvil, alternando sus caras iluminadas con otras en densas sombras.

De tanto en tanto una invasión de luz desde el frente del vehículo, convertía la noche en día, para desvanecerse en un instante. De a poco empecé a notar que simultaneamente, una irritada bocina crecía y sin parar luego parecía perderse en la lejanía. Y tambíen me daba la impresión que el vaivén se acentuaba en esos momentos.

La madre de mi niña comenzó a implorar con un tono de desesperación y su padre, con irritación gritaba algo que no se podía entender, en un tartajeo balbuceante.

Otra luz que llegó más cerca que todas las anteriores, de pronto se convirtió en un estallido ensordecedor, ruidos de vidrios explotando, y metales que se rompían. Malena me apretó salvajemente, y nos sentimos lanzadas contra paredes implacables y sin merced. Me sentí dando vueltas y recibiendo golpes todavía en los brazos de mi niña. De pronto, me ví lanzada en el aire, impulsada por una fuerza desconocida, mi niña desapareció ante mi vista, y luego en un corto instante, encontré un suelo impenetrable que terminó con mi horrible vuelo. Sentí un ruido grande en mi cabeza, y me detuve en la rodada. Mis ojos estaban abiertos pero miraban a diferentes lados.

De pronto el silenció nos golpeó, más fuerte que todos los golpes que había recibido. Nada se escuchaba en la oscuridad. Por lo menos por un largo momento.
Luego, luces y sirenas lejanas empezaron a introducirse en la noche acercándose con cuidado. Voces y gritos, y luces parpadeantes nos rodearon en un instante, pero no sentí ni oí las de los niños o los padres. Luces y gritos, pero Malena no venía a recogerme, a abrazarme. Y de pronto tuve todo el miedo del mundo refugiándose en mi pecho roto.

Una sombra se destacó bajo las parpadeantes luces rojas y azules que me iluminaban y se acercó donde yo estaba. Sentí unas manos temblorosas que me alzaban del duro pavimento, y unos ojos brillantes en un rostro esfumado en penumbra me miraron. Suavemente las manos juntaron las dos mitades de mi cabeza, y mientras me sostenía, un pañuelo limpió el polvo y las manchas de sangre de mi rostro.

Subitamente, bajo un cielo estrellado, sin nubes, sentí una lluvia lenta, de gotas gruesas y salobres, mojando mi cara.

4 de Febrero del 2003

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