Narrativa

Nidya Garzon

By junio 11, 2018 No Comments

Por esas cosas que llamamos destino me gradué como licenciada en artes plásticas; he cursado 5 años de cerámica y técnicas decorativas; cursos libres de pintura y escultura; siempre estoy en esa búsqueda de aprendizaje continuo, no sólo en lo que se refiere al arte o la literatura –área en que estoy incursionando-, sino en el conocimiento de mi misma para crecer y evolucionar como ser humano; y para trascender a mundos invisibles.
Soy oriunda de una población colombiana llena de historia, tierra que regala el aroma del café a la piel y adorna la belleza con esmeraldas.
Me gusta escribir por vocación y he comenzado un camino largo que no alcanzaré a recorrer. Escribo poesía que brota de mi esencia dual, versos que insisten en volar y recorrer fronteras inexistentes.

LA INTRUSA

Aquella mujer siempre lo espiaba. Esa tarde lo siguió cuando salía de su trabajo, estaba cansado y sólo quería dar un paseo antes de llegar a casa. La brisa acariciaba su rostro, llevaba las manos en los bolsillos y observaba el vaivén de las palmeras que arrullaban sus pasos; ella sigilosamente, caminaba a cierta distancia. Su obsesión la había llevado a cometer locuras hasta el punto de llegar a inmiscuirse -sin que él lo supiera- en su proopia casa. Frecuentaba los lugares a dónde solía ir su esposa, entabló una amistad con ella y pasaba gran parte de su tiempo fisgoneando astutamente.

Ahora, no podía creer lo que estaba viendo. Observe que su rostro palideció; una mujer que ella no conocía, salió al encuentro del hombre que creía amar. Casi desesperó al ver como él correspondía a un apasionado beso. Luego, la tomó de la mano y caminaron por la orilla de la playa, al son de los tambores…

Lloró amargamente mientras ellos conversaban, jugaban, eran cómplices; recuerdo que el tiempo pasó lentamente y esa noche ella supo que no era la única intrusa en la vida de aquel hombre que ella a hurtadillas perseguía, jamás ocuparía un segundo lugar… Detrás de ella, yo los espiaba a los tres…

©Nidya Garzón Castañeda