Narrativa

Oswaldo Mantilla Aguirre

By junio 13, 2018 No Comments

(Ecuador,1957)
Periodista y escritor. Licenciado en Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador.
Funcionario de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Director del Taller Cultura RETORNO, y miembro de la Sociedad Ecuatoriana de Escritores SEDE. Es autor de los libros: «Juegos Populares de antaño», «Trinity en la 24», «Relatos Cortos», y «Re-Cuerdos». Su obra aparece en «La Dama de terciopelo» (antología internacional).

EL ULTIMO TOQUE

Luego de las noticias mananeras emitidas por la radio de la localidad, anunciando la llegada del Teniente Politico para ocupar su nuevo puesto; en el pueblo, Carlos daba su ultimo toque a la oficina de la nueva autoridad civil.

Con pintura y brocha en mano, Carlos comenzaba a cambiarle la cara de la “moderna” y remodelada oficina para albergar al nuevo inquilino Se sentia todo un PICASO, a pesar de los remedos y reclamos que la gente del pueblo le hacia a cada momento.

¡Carlitos, no trabajes tanto para ese desconocido!. Total para lo que ha de durar. !Son iguales al resto!. Santitos y luego se van con todo sin dar siquiera las gracias.

No se preocupe vecino Juan, ya veremos como se comporta, le decia mientras subia y bajaba por la pequena escalera preparada para ese momento, pintando las paredes con un color verde claro, mas claro que verde por la cantidad de agua que le ponia.

Que fue Carlucho, sacandote el sucio para otros?

Es mi trabajo, flaco pelado, vos ni eso te sacas, le reclamaba con cierta ironia.

Como estaba previsto, a las cuatro de la tarde, en medio del bullicio de la gente agolpada en el parque principal para conocer al mentado personaje, llego el vehiculo trayendo al nuevo funcionario que venia con la consigna de poner orden e impartir respeto en los pobladores que tanto falta hacia en el pueblo que, por no tener autoridades, siempre se convertía en tierra de nadie.

El Cura Parroco y el Presidente de la localidad, indispensables en estos menesteres, dieron la bienvenida de rigor al flamante burocrata, quien no ocultaba su satisfaccion, para acto seguido ser conducido al lugar de trabajo que se encontraba a pocos pasos del parque principal.

¡Buenas tardes senor cura! La oficina se encuentra lista, solo falta traer los sillones y el escritorio que nos presto el profesor de la escuela, se adelantó en decir Carlos, el ayudante del nuevo Teniente Político.

¡Pero, no hagas esperar a la nueva autoridad, hijo!. Llevate a dos peones y trae pronto, que no hay tiempo que perder.

No se preocupe señor cura, -señala don Antonio del Monte, el Presidente del pueblo “Tierramia”. A nombre del Comité Parroquial y el mio propio, ya mandamos a reparar los muebles en la carpintería, solo están dando el ultimo toque.

En eso, el recién llegado, pequeño de estatura, pero con voz de estruendo, que en nada conjugaba con su porte, solicita a sus anfitriones presentarse.

Buenas tardes, a todos, soy el licenciado Amado Contreras, vengo en representación del Gobierno Central a tomar posesión del cargo de Teniente Político, y como tal solicito el respeto y acaten las disposiciones y leyes para que este pueblo sea respetado y respetable. Asimismo, me pongo a vuestra disposición para cualquier inquietud y sugerencia. !Vengo a trabajar!.

!Esperemos que sea asiiii!, ¡cedacito nuevo no queremos!, sino hombres honestos y entregados a todo, era el grito que se oía entre la multitud que se encontraba escuchando al flamante funcionario publico. Todos, con la bendición de Dios, debemos confiar!. Hay que esperar un poco a que conozca el sector y se empape del asunto, replicaba el cura, con una voz de enfado y mirando al cielo.

Poco a poco, mientras comentaban e intercambiaban criterios, los vecinos fueron retirándose hacia sus casas esperando al siguiente día tener un nuevo porvenir para el progreso del pueblo y el futuro de los hijos. El cura y el Presidente del pueblo, acompañaron al nuevo burócrata a hospedarse en la Casa Parroquial que era el único lugar disponible.

Muy temprano, don Antonio del Monte, se dirige hacia la oficina del senor Teniente politico, para llevarle a conocer el pueblo y sus alrededores.

Buenos días, señor Contreras, como amanecio hoy!.

Bien, muchas gracias señor Presidente.

Le invito me acompane a recorrer el pueblo.

Gracias, pero estoy dando el último toque a mi oficina; usted sabe, hay que dar una buena impresión al pueblo.

Estoy de acuerdo licenciado, hay que dar el ejemplo. Nos vemos en la tarde!.

Asi será, que le vaya bien!. ¿Pero, no lo ha visto a mi ayudante?

Ya viene, no se preocupe, está dando el ultimo toque a la bicicleta, su herramienta de trabajo. Usted sabe, aquí debemos aprovechar lo que tenemos.

Así transcurrieron los días, cada una de las personas y autoridades se pasaban dando el último toque a sus cosas, inclusive a sus inquietudes, mientras el pueblo seguia sumido en total abandono y convertido en tierra de nadie, de un solo toque.

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