Híbrido Literario
Narradoras

Angelito mío

By marzo 19, 2020 No Comments

Es la cuarta casa que limpio en lo que va del año, estoy contenta. La señora no es mezquina como las otras patronas. Aunque me parece que si nos llevamos bien, es porque ella duerme casi todo el día o se la pasa en el balcón mirando las plantas. ¿Se dio cuenta cómo pasaron los años, vieja? Cuando nació la Susi no le gustó nada que el José me preñara. Qué va, se enojó con la cuestión de que usted iba a ser madre y abuela a la vez. Y lo peor, me dijo,”no tenés guita para vivir y vas a atender a un crío, ese José es un desgraciado, te pega y todavía pensás que se ocupará del chico”. Y quién se preocupó por nosotros y por la Susi, dígame, vieja, usted que todo lo sabe. Su nieto ahora va a cumplir 12. La buena noticia es que el cumple no va a caer un martes 13. Como siempre, usted, anda maldiciéndonos, que nuestra familia no tiene suerte, se queja de la pierna que perdió mi hermana la Elsa, en ese accidente estúpido al cruzar la calle mientras el colectivo siguió como si no la hubiera visto; vieja, ya que anda con el chisme ese de que nadie quiso terminar el colegio excepto yo, que papá es un vago y patatín y patatero, debería alegrarse de que por lo menos su nieto este año, no festejará un martes 13. Pero le confieso que me da miedo las veces que se aparece de sorpresa. La señora es buena conmigo, me regala ropa que no usa y le tira unos pesos, que él se gasta en sus porquerías. Yo le digo que se cuide de sus amigos. En cualquier momento arman una bandita: se sienten hombres, mire si va a ser joder a los demás como esos patos- vica miserables que los discriminan en los boliches. Además los amigos del Ángel no tratan bien a las chicas, y a uno lo escuché decir el otro día que la vida no vale nada, que se mataba él o mataba a unos cuantos, que harto estaba, que nadie se daba cuenta. Qué me dice, vieja, usted que lo llevaba a su nieto los domingos a misa. Yo sufro. Claro que una al hijo, lo quiere y basta.

La señora también tiene uno, que la visita solo cuando necesita algo: lo he visto llevarse dinero de uno de los cajones de la cómoda. Mire, vieja, como usted me enseñó, nunca agarro nada ajeno, ni diez centavos, lo del otro es del otro. Por eso no me gusta nada que el Ángel venga sin avisar. Mire si la señora después me reclama o lo pone a su nieto en un momento fulero.Yo lo noto raro últimamente al Ángel, llega tarde y hecho un loco. Se baja todas las cervezas de la heladera. La señora me aconsejó que vaciara mi heladera del alcohol, pero no me aguanto sus gritos cuando se ve obligado a tomar agua o coca cola. Me gusta la coca cola, ese sabor medio azucarado medio amargo que llena de ardor las encías. Cuando tomo coca cola, me acuerdo de esas películas americanas de cuando yo era chica, usted también las veía con nosotros, ¿recuerda, vieja? Y me imagino en ese vestido blanco de la marilín subido hasta la cintura por el paso del subte. La marilín, la de todos, la del viejo (“su marilín”): cómo lo peleaba usted por los celos.

¿Adónde habrá conseguido la plata el Ángel para comprarse un celular? Ni yo tengo uno tan lindo y laburo de sol a sol. Parece un ministro el Ángel contestando y mandando mensajes, aunque delante mío, bien que habla bajito con los amigos.

No se me vaya a enojar, vieja, con esto que le voy a contar. A alguien se lo tengo que decir o reviento. Creo que su nieto roba, vieja, de dónde saca la guita si no, para darse una vida de duque en los boliches. Me abandonó el colegio, no hubo caso, y hasta me pegó fiero cuando le dije que en mi casa no entran ni el paco ni la plata fácil. Por eso tengo esta cara de desgaste que tanto me critica últimamente. Sin ir más lejos, el otro día, cuando la señora dormía en el cuarto de vestir (se había quedado dormida mirando esas telenovelas que yo ya ni veo del cansancio), el Angelito entró con dos amigos. Me amenazaron por si chillaba. Tenían unas navajas de acero brillante y corrían muy astutos. Se llevaron todo lo que pudieron y me ataron las manos y taparon la boca con una cinta asquerosa, con gusto a goma. ¿Recuerda, vieja, cuando la Susi y el Ángel tomaban juntos la mamadera? Nos turnábamos para cuidarlos, éramos una familia. Y la Elsa cojeaba y se moría de la risa al cambiar pañales, y después como premio, mirábamos la televisión. Cualquier cosa veíamos, se trataba de estar juntos, como dice el curita de la iglesia.

Al final, el Ángel y su bandita se mandaron una jodida. Entraron, ya le conté, y se armó la gorda. La señora supongo que se despertó pues nos habrá oído discutir. Al verme los enfrentó. Después de que la golpearon, su cuerpo se derrumbó, y se rajaron. Sí, vieja, su nieto, mi Angelito, escapó como un cobarde. Pero me dijo antes: “Vieja, llevate alguna cosa de recuerdo, vos no laburás más de sirvienta”. Jamás me llamaron así mis patronas: fui una reina de la escoba y los cucharones. Pero, “Angelito mío de mi corazón”, le grité quitándome la soga de las manos y la cinta de goma de la boca, “cómo se te ocurre que voy a dejar a las patronas”. El paladar entero se me hizo llaga. Y durante unos minutos se me vino encima la carita de su nieto cuando iba a salita de cinco, la maestra era preciosa. ¿A que no la recuerda? Me odio, vieja, claro que me odio y nos odio. Usted tiene razón al hablar mal de nuestra familia. Pura mala suerte, eso tenemos. Y lo odio a mi hijo y al José, que nunca apareció ni vio al Ángel. Malparido. Razón que tenía, vieja. Sin embargo, ahora que le cuento lo que pasó con el Ángel, los quiero tanto a todos… A usted, a la Elsa, a Susi, al viejo… a lo mejor por ser lo único que tengo.

Si viene la policía me meten en cana, seguro. Disculpe que le vuelva con la mala onda, vieja. Claro que no diré nada del Ángel. Cómo se le ocurre que lo voy a delatar. Es el Ángel, su nieto, Angelito mío.

Paula Winkler, Argentina

Abogada, narradora y poeta. Ha publicado las novelas El vuelo de Clara(2007), La avenida del Poder (2009), El marido Americano(2012), Fantasmas en el tribunal de la justicia (2017). El libro de cuentos Los Muros (1999) Sus relatos han sido publicados en antologías y revistas.

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