{"id":1683,"date":"2018-06-11T17:10:18","date_gmt":"2018-06-11T17:10:18","guid":{"rendered":"http:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/?p=1683"},"modified":"2018-06-12T04:19:20","modified_gmt":"2018-06-12T04:19:20","slug":"enrique-bernales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/?p=1683","title":{"rendered":"Enrique Bernales"},"content":{"rendered":"<p>(Per\u00fa,1975)<br \/>\nActualmente estudia un doctorado en literatura hispanoamerica.en Temple University (Filadelfia, Estados Unidos). Form\u00f3 parte del grupo de poesia Inmanencia en los noventa. Ha publicado dos libros de poesia: Inmanencia (1998), e Inmanencia: Regreso a Ouroborea (1999). Sus trabajos han sido publicados en la revista virtual Apuntes y en El malhechor exhausto.<\/p>\n<p>Comentarios sobre su trabajo creativo se pueden encontrar en la revista Caretas<\/p>\n<blockquote><p>SERGIO<\/p>\n<p>Sergio hab\u00eda nacido en un suburbio de una ciudad fantasmal del interior. Ten\u00eda un bello gesto con la boca encrespada y la mirada flotante. Cuando sali\u00f3 de su oficina sab\u00eda que la iba a encontrar. No s\u00f3lo era una suposici\u00f3n. El d\u00eda anterior, la persigui\u00f3, tratando de cuadrar horarios posibles para provocar un encuentro que parezca casual en la entrada del subway. Ella era chica de ciudad dura del este, los movimientos de sus manos, el peinado y el atuendo se lo hab\u00edan confirmado. Los zarcillos ligeramente desaparec\u00edan entre sus l\u00f3bulos rosados. Sus ojos orientales, ligeramente pintados, la boca peque\u00f1a, naturalmente roja incandescente, y el timbre de su voz, lo hab\u00edan hecho navegar por abismos emplumados, ligeramente sacudido por el oleaje de las pesadillas de semana santa, cuando se imaginaba que todo lo que amaba deb\u00eda ser destruido y abolido para siempre.<\/p>\n<p>Aunque trataba de presionar su perfecto cr\u00e1neo con su mirada ext\u00e1tica, y as\u00ed forzarla a voltear y que le diga que s\u00ed lo deseaba y que quer\u00eda tenerlo adentro en un segundo, all\u00ed mismo, delante de la heterog\u00e9nea poblaci\u00f3n del tren, aderezada convenientemente con el fest\u00edn de olores que se expele como un antiguo tributo a los dioses y a las bestias de la temporada invernal, ya por terminar felizmente. Ella permanec\u00eda inconmovible y fr\u00e1gil como un cisne de hielo, mientras hablaba con su mejor amigo, el antip\u00e1tico chico punk, obviamente su antagonista. Sergio notaba en las expresiones del muchacho una misma pasi\u00f3n embalsada, las ganas de abrirle las piernas, terminar en un segundo sobre su falda de patchwork, porque no hab\u00eda dudas de que se trataba de otro rarito impotente. El suave aliento sobre su garganta, el sonido dionis\u00edaco de los zarcillos, el roce de las yemas de sus dedos en contacto con la piel incandescente de un rostro ligeramente org\u00e1nico, pero \u00fanico.<\/p>\n<p>Se ten\u00eda que bajar en la siguiente parada del subway, y ahora intentaba por todos los medios posibles como un capit\u00e1n que se amarra al m\u00e1stil de un antiguo bajel y se revienta los t\u00edmpanos, para evitar escuchar la m\u00fasica arrobadora de la vagina victrix, no levantar los ojos hacia la medusa y buscar miles de cosas in\u00fatiles entre sus bolsillos o en los compartimientos de sus diferentes maletines que cargaba todos los d\u00edas del trabajo a la casa y de la casa al trabajo, m\u00e1s por sus benditas obsesiones que por alguna utilidad real. No llegaba al tren a esa siguiente estaci\u00f3n, cada vez m\u00e1s lejana. La ansiedad pod\u00eda m\u00e1s que la represi\u00f3n y no evit\u00f3, mientras maniobraba con sus bultos, mirarle al rostro y encontrarse para su fatalidad, cuando sonre\u00eda, que ten\u00eda un diente careado.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo dio un giro de 360 grados en sus pensamientos. Jam\u00e1s se imagin\u00f3 que ella, la mujer de sus sue\u00f1os, la muchacha de entre 18 y 19 a\u00f1os ten\u00eda un maldito diente careado. Ella siempre estaba perfecta cuando la quer\u00eda poseer y cuando abr\u00eda la boca s\u00f3lo se encontraba con un aliento de rosas y los dientes m\u00e1s blancos y afilados del mundo, pero completos y perfectos. Ahora ya no la podr\u00eda ver nuevamente. Se contentar\u00eda nada m\u00e1s con la imagen que todav\u00eda reinaba en su cabeza. Finalmente ella tendr\u00eda que envejecer y morir con todos los dientes careados y m\u00faltiples endodoncias y la piel arrugada, sin embargo, la obra fijada fidedignamente no envejecer\u00eda. Siempre estar\u00eda lista y joven para su placer y su furia. Mientras tanto se pod\u00eda consolar con otras j\u00f3venes de 18 o 19, no necesariamente parecidas a la donna, porque finalmente cuando las poseyera cerrar\u00eda los ojos y en silencio el nombre secreto dir\u00eda, eyaculando doblemente, en una vagina de hule y en otra, la del pa\u00eds de la mandr\u00e1gora.<\/p>\n<p>No hab\u00eda tiempo que perder para elegir el recipiente adecuado. Desaparec\u00eda entre los laber\u00ednticos pasillos, maniobrando con sus bultos y cavilando en el plan que lo hac\u00eda hervir y adelantar as\u00ed el verano. No se percat\u00f3 que la muchacha s\u00ed volte\u00f3 para mirarlo, no cuando le presionaba la nuca con su afilada retina, sino cuando el chico punk le coment\u00f3 que \u00e9se, \u00e9l de los bultos, era el muchacho que a ella le gustaba y que quer\u00eda conocer. Su amigo pensaba que, en ese momento, ella quer\u00eda tener al revisionista entre sus delgadas piernas, aprisionando su miembro contra sus paredes y sinti\u00e9ndolo eyacular ferozmente, manchando de sangre el piso del tren y llegando al goce supremo con el sonido repetido que hac\u00edan al caer contra el suelo, los zarcillos arrancados violentamente. Se lo dec\u00eda as\u00ed, con una impulsiva amargura. No, no es mi tipo, le afirmaba a su guardi\u00e1n con sus dibujados labios y se lo negaba con las manos temblorosas y empapadas de un sudor repentino.<\/p>\n<p>Ella, ingenua no lo era. Sab\u00eda desde hace algunos a\u00f1os que el chico punk la quer\u00eda poseer, sin embargo, al ser a\u00fan aparentemente inofensivo, se sent\u00eda en confianza con \u00e9l. Le encantaba ser deseada por alguien que podr\u00eda ser su hermano, porque de mejor amigo a hermano hay un paso, pensaba ella y de all\u00ed al incesto, sobra la imaginaci\u00f3n. Le confesaba sus m\u00e1s \u00edntimos pensamientos, lo m\u00e1s confidencial de sus relaciones con sus diferentes novios. El siempre exig\u00eda m\u00e1s, absolutamente todo. Por ejemplo, si ella se olvidaba de la calidad del semen, el grosor del miembro, las obscenas frases repetidas sobre la nuca, pre y post coito, por el ocasional visitante, \u00e9l le apretaba ligeramente la mano y con un movimiento tierno entre sus cejas y su barbilla, le repet\u00eda dos veces, cu\u00e9ntamelo todo, cu\u00e9ntamelo todo. Ella acordaba hacerlo, a pesar de que por momentos el rubor de sus mejillas se acentuaba con cada m\u00ednima especificaci\u00f3n que por su boca hac\u00eda aparecer, palabras desnudas y prohibidas, almacenadas eficientemente en la memoria de su confesor.<\/p>\n<p>Sab\u00eda que, aunque, le gustaba algo m\u00e1s de lo normal el muchacho de los bultos, en su mirada s\u00f3lo encontraba el fuego de paso de una noche o una tarde lluviosa de oto\u00f1o, cuando, por la ventana mojada por la lluvia torrencial, observaba las \u00faltimas hojas caer empapadas junto con la ra\u00edz de un viejo \u00e1rbol que la compa\u00f1\u00eda de gas estaba removiendo. No se levantar\u00edan jam\u00e1s ni la ra\u00edz ni las hojas, en el mismo punto del jard\u00edn eriazo. As\u00ed que no pod\u00eda esperar mucho de \u00e9l. No s\u00f3lo era cuesti\u00f3n de acostarse. Finalmente lo perder\u00eda, pero ella podr\u00eda desnudarlo y peinarlo sobre su cama, acomod\u00e1ndolo artificialmente de lado, con el trasero vuelto hacia la ventana de la calle. Ella, al igual, se despojar\u00eda de su vestido y tendida tambi\u00e9n de lado, desnuda frente a \u00e9l, sin decir ninguna palabra y dici\u00e9ndolas todas, sobre todo las obscenas, las que m\u00e1s le ruborizaban sus l\u00f3bulos y sus nalgas fr\u00edas. Podr\u00edan estar tendidos toda la tarde, sin hablar ni \u00e9l ni ella y sin comer, para que, finalmente cuando el sol alboreara, le arrojara sus ropas sobre el rostro y le gritara que se largue y que nunca regrese. Ya ten\u00eda suficiente con sufrir toda la noche sin que \u00e9l la montara y la despellejara all\u00ed mismo. El se ir\u00eda, pero ya estar\u00eda fijado en su memoria y ya no lo necesitar\u00eda m\u00e1s. Podr\u00eda tener a cualquiera pero \u00e9l siempre ser\u00eda joven y estar\u00eda listo para morir en el instante mismo en que ella pronunciara la palabra secreta.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Per\u00fa,1975) Actualmente estudia un doctorado en literatura hispanoamerica.en Temple University (Filadelfia, Estados Unidos). Form\u00f3 parte del grupo de poesia Inmanencia en los noventa. Ha publicado dos libros de poesia: Inmanencia (1998), e Inmanencia: Regreso a Ouroborea (1999). Sus trabajos han sido publicados en la revista virtual Apuntes y en El malhechor exhausto. 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