{"id":1694,"date":"2018-06-11T17:18:52","date_gmt":"2018-06-11T22:18:52","guid":{"rendered":"http:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/?p=1694"},"modified":"2018-07-09T23:23:09","modified_gmt":"2018-07-10T04:23:09","slug":"fernando-luis-perez-poza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/?p=1694","title":{"rendered":"Fernando Luis P\u00e9rez Poza"},"content":{"rendered":"<p>(Espa\u00f1a,1958)<br \/>\nParticipa activamente en movimientos asociativos de tipo juvenil, sindical, cultural y de defensa del consumidor. Ha colaborado tambi\u00e9n con numerosas emisoras de radio, TV y varios peri\u00f3dicos.<br \/>\nHa publicado en papel: Poemas de la Red y Camino de la Luz, entre  otros libros de poes\u00eda. Actualmente dirige una editorial, El Taller del Poeta Fernando Luis P\u00e9rez Poza , destinada a publicar en papel a autores noveles, especialmente poetas, que suelen ser los grandes olvidados de las editoriales grandes y tradicionales. <\/p>\n<blockquote><p>EL SILBIDO<br \/>\nPichi era un personaje pintoresco de esos que todo mortal se suele encontrar a lo largo de la vida y que pueblan de an\u00e9cdotas la memoria. Le faltaba bastante para llegar al metro cincuenta,  hasta el punto que cuando fue al tallaje, con motivo del servicio militar, ni siquiera  se molestaron en medirlo: de una sola visual el m\u00e9dico militar lo declar\u00f3 no apto. <\/p>\n<p>Llevaba una larga melena rubia y cuando se encontraba un amigo por la calle, acostumbraba a frotarse las manos y a decir en voz alta:<br \/>\n -\u00a1Va a haberlas negras! \u00a1Va a haber sucessssos! \u00a1Va a haber sssssangreeeeeee!- frases con las que trataba de anunciar que en su mente bull\u00eda alg\u00fan conato de juerga o divertimento en el que no cab\u00eda duda desembocar\u00eda el d\u00eda. <\/p>\n<p>En carnavales nos lo pas\u00e1bamos en grande con \u00e9l, pues los amigos aprovech\u00e1bamos su aspecto, y el poco aguante para la bebida del que disfrutaba, para emborracharlo y, cuando ya no se enteraba ni de la jota, lo embut\u00edamos en un peter pan o malla de bailar\u00edn de color rojo echamante, le rode\u00e1bamos los tobillos con dos tiras de piel de vaca y le anud\u00e1bamos al cuello los restos de un abrigo de vis\u00f3n. El atuendo se completaba con un gorro envuelto en papel de aluminio, del que se usa para envolver los alimentos, de tal forma que Pichi pareciera talmente Asterix y el cachondeo general estuviera asegurado. Despu\u00e9s, durante varios d\u00edas, recuperado del entuerto, \u00e9l se sent\u00eda feliz, pues aunque no recordaba de la misa la media, notaba que era tratado por todo el mundo con la deferencia que se reserva para con los actores, artistas principales o primeras figuras de cartel de cualquier espect\u00e1culo o circo de renombre, e indudablemente eso le gustaba. <\/p>\n<p>Pero, a pesar del buen humor del que siempre hac\u00eda gala, en el fondo de su coraz\u00f3n llevaba clavada una enorme y dolorosa espina, un pu\u00f1al que le atravesaba la m\u00e9dula de parte a parte, una dura sin raz\u00f3n para su existencia: las mujeres. Y era que ninguna le hac\u00eda caso o lo tomaba en consideraci\u00f3n, ni siquiera para echar un cohete. Y lo que m\u00e1s le reconcom\u00eda era ver y saber que hasta el cura, al que ayudaba en las celebraciones desde siempre gracias a su inmutable apariencia de eterno monaguillo, se com\u00eda m\u00e1s de alg\u00fan rosco de vez en cuando por no decir a menudo o con m\u00e1s frecuencia que cualquier casado. <\/p>\n<p>A veces, para entretenerse, despu\u00e9s de los oficios, Pichi, se escond\u00eda detr\u00e1s de una cortina, junto al confesionario, de tal manera que pod\u00eda escuchar las confesiones que las feligresas le formulaban a Don Anastasio, el p\u00e1rroco. Lo que o\u00eda era mejor que una pel\u00edcula porno, pues el cura estaba de buen ver y m\u00e1s de una requer\u00eda por el conducto confesional los servicios del mismo o aprovechaba para concertar una cita. Primero le contaban los pecados y todos los cuernos que hab\u00edan puesto, con pelos y se\u00f1ales y todo lujo de detalles, hasta que el confesor se pon\u00eda a cien por hora y no pod\u00eda controlarse. El servidor de dios, adem\u00e1s de ser un religioso era tambi\u00e9n un hombre, a fin de cuentas, y como tal no estaba dispuesto a perderse una de la exquisiteces de la existencia humana, as\u00ed que a toda buena moza y no tan buena que viera un poco ligera de cascos y que le entraba de esa manera no dudaba en tirarle los tejos. <\/p>\n<p>Y he aqu\u00ed que una tarde, Pichi, escuch\u00f3 c\u00f3mo concertaba una cita. Se trataba de la Eusebia, el pend\u00f3n mayor del pueblo. Ella, al igual que ya hab\u00eda sucedido en otras ocasiones, avis\u00f3 Don Anastasio para que acudiera a su casa y se colara por la ventana de su habitaci\u00f3n a la seis de la tarde, hora en la que se presum\u00eda no se encontrar\u00edan all\u00ed ni su hermano ni su marido. <\/p>\n<p>-T\u00fa tira primero un guijarro al cristtal de mi ventana. Si no sucede nada, entra, que yo ya estar\u00e9 preparada en la cama, pero si escuchas varios silbidos l\u00e1rgate, pues eso ser\u00e1 se\u00f1al de que hay moros en la costa y que mi hermano o mi marido todav\u00eda no se habr\u00e1n marchado, y ya sabes como se las gastan, que son capaces de dejarte el cuerpo lleno de perdigones. <\/p>\n<p>A Pichi se le encendi\u00f3 el esp\u00edritu, pues la habitaci\u00f3n a la que se refer\u00eda la Eusebia se hallaba situada en la planta baja y \u00e9l conoc\u00eda un \u00e1rbol desde el que se pod\u00eda observar con detenimiento toda la operaci\u00f3n. No era la primera vez. As\u00ed que con algo de antelaci\u00f3n a la hora prevista tom\u00f3 posiciones junto al nido de un jilguero y esper\u00f3. <\/p>\n<p>Al cabo de un rato vio como el cura saltaba el seto y penetraba en el jard\u00edn. All\u00ed cogi\u00f3 un guijarro y, con la baba casi colg\u00e1ndole de la comisura de los labios, pues la Eusebita pose\u00eda unas curvas muy pronunciadas y estaba la mar de cachonda adem\u00e1s de saber lat\u00edn en los asuntos relativos al kamasutra, lo lanz\u00f3. Pero no consigui\u00f3 su prop\u00f3sito y no acert\u00f3 con el cristal hasta el tercer intento. <\/p>\n<p>Fue entonces cuando a Pichi se le encendi\u00f3 una lucecita en el cerebro y&#8230; silb\u00f3, silb\u00f3 como nunca lo hab\u00eda hecho en su vida, hasta desga\u00f1itarse, hasta la extenuaci\u00f3n, con un tono que har\u00eda palidecer al mejor y m\u00e1s cantor de los ruise\u00f1ores. Y cuando vio que el cura preso del terror escapaba corriendo, creyendo que en breve saldr\u00edan con la escopeta en la mano los celosos guardianes de la Eusebia, Pichi se encaram\u00f3 a la ventana  y se introdujo por el hueco que hab\u00eda quedado despu\u00e9s de que alguien la hubiera abierto  desde dentro. Y, ya casi a tientas, se ech\u00f3 encima de aquel bulto carnoso y excitado que lo esperaba con las piernas abiertas de par en par.  Fue as\u00ed como mi amigo puso fin a sus desvelos e inexperiencia, pues la agraciada vio que no todo era corto y peque\u00f1o en aquel pitufo sin sotana que se le hab\u00eda colado por el ventanuco y alg\u00fan sitio m\u00e1s, y desde aquella lo apreci\u00f3 como si se tratase de una bula eterna.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Espa\u00f1a,1958) Participa activamente en movimientos asociativos de tipo juvenil, sindical, cultural y de defensa del consumidor. Ha colaborado tambi\u00e9n con numerosas emisoras de radio, TV y varios peri\u00f3dicos. Ha publicado en papel: Poemas de la Red y Camino de la Luz, entre otros libros de poes\u00eda. 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