{"id":1822,"date":"2018-06-13T18:17:23","date_gmt":"2018-06-13T18:17:23","guid":{"rendered":"http:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/?p=1822"},"modified":"2018-06-13T18:17:23","modified_gmt":"2018-06-13T18:17:23","slug":"carlos-ivan-sanchez-santa-gadea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/?p=1822","title":{"rendered":"Carlos Iv\u00e1n S\u00e1nchez Santa Gadea"},"content":{"rendered":"<p>Carlos Iv\u00e1n S\u00e1nchez Santa Gadea (___,19__)<br \/>\nEscritor<\/p>\n<blockquote><p>LOLA LUNA<\/p>\n<p>Lola Luna vive en un callej\u00f3n largo y estrecho atestado de familias, de paredes verdes descascaradas y piso de cemento levantado por la humedad de las ca\u00f1er\u00edas. Siempre se despierta temprano y dice mirando por su ventana \u2013de marcos apolillados y mal cubiertas por un pl\u00e1stico transparente- hacia la pared que otrora tuvo color y ahora le muestra su esqueleto de ladrillos rojos haci\u00e9ndose polvo ah\u00ed donde se ha ca\u00eddo un enorme pedazo de yeso, \u201cUn d\u00eda me ir\u00e9 de este callej\u00f3n\u201d. Lola Luna nunca crey\u00f3 que se quedar\u00eda sola en esta fr\u00eda casa de adobes rotos, iluminada por un humilde y sempiterno foco cada a\u00f1o m\u00e1s opaco porque cada a\u00f1o est\u00e1 m\u00e1s sucio de grasa y caca de moscas. Su \u00fanica compa\u00f1\u00eda es una imagen de la Virgencita a la que su madre le rez\u00f3 todos lo d\u00edas con devoci\u00f3n y ahora ella solamente lo hace cuando se acuerda pero eso s\u00ed, siempre se persigna antes de salir. En el lavadero donde un estoico ca\u00f1o soporta la necesidad de la gente del callej\u00f3n, se asea Lola Luna y lava su poca ropa que luego se seca oscura y triste en el envejecido cordel y cuando cuelga la \u00faltima prenda, mira al cielo cerrado en gris y dice \u201cUn d\u00eda me ir\u00e9 de este callej\u00f3n.\u201d<\/p>\n<p> Entre los pobres no existe la palabra \u201cherencia\u201d aunque se le podr\u00eda llamar as\u00ed a las cosas siempre viejas que pertenecieron a otros y les heredan a los dem\u00e1s para aumentar su colecci\u00f3n de cachivaches: ropa, muebles destartalados, botellas, fotos. De eso Lola Luna tiene mucho, adem\u00e1s de la m\u00ednima empresa de vender dulces en una esquina de la Plaza San Mart\u00edn que no est\u00e1 lejos de su casa, que era a lo que se hab\u00eda dedicado su mam\u00e1 poco antes de morir. Pero tambi\u00e9n le dej\u00f3 revistas, muchas revista de modas del a\u00f1o de \u00f1angu\u00e9   \u2013porque la se\u00f1ora hab\u00eda sido modista, eso claro cuando a\u00fan no remataba la antiqu\u00edsima m\u00e1quina de coser- as\u00ed que Lola Luna se entreten\u00eda leyendo y releyendo esas p\u00e1ginas descoloridas y que se hab\u00edan quedado sin esquinas de tanto hojearlas. Las novias sonrientes y felices, rubias y hermosas desfilaban entre sus dedos y otras mujeres igual de bellas se vest\u00edan con lindos dise\u00f1os y colores. Los hombres y muchachos guapos y elegantes le mostraban sus m\u00e1s c\u00e1lidas y forzadas sonrisas mientras luc\u00edan ternos, pantalones y chaquetas de finos materiales y modelos que no se usan m\u00e1s. Era un mundo en el que la pobre Lola Luna \u2013a fuerza de imaginaci\u00f3n- hu\u00eda de la miseria pero s\u00f3lo eran sue\u00f1os, castillos de agua. \u201c\u00a1El agua!\u201d dice, despert\u00e1ndose de ese trance y corre a apagar la hornilla porque el agua hierve y hay que cuidar la luz. Mientras toma su t\u00e9 con pan solo, Lola Luna saca cuentas mentales y no le va a quedar mucho para el mes, \u201cMejor me busco otra chambita, de muchacha estar\u00eda bien.\u201d Piensa. El domingo ir\u00e1 a buscar a Irma la hija de la se\u00f1ora Domitila que fue comadre de su mam\u00e1 y que trabaja en una casa de Surco, de repente la puede ayudar.<\/p>\n<p> Termina el t\u00e9, se persigna y recoge r\u00e1pido la cajita amarilla de dulces y galletas con patas plegables para salir a vender. De nuevo sale por \u00e9se callej\u00f3n de paredes verdes y piso hueco y jorobado que un d\u00eda dejar\u00e1. Con paso r\u00e1pido se dirige a su sitio en la Plaza San Mart\u00edn que los municipales \u2013porque les f\u00eda- le dejan utilizar. Le ha dicho su amiga Marisol que hay un lugar en Lince donde pasa mucha gente y siempre se vende, pero Lola Luna prefiere quedarse ah\u00ed mismo, donde su madre tantos a\u00f1os vendi\u00f3 y adem\u00e1s ya la conocen. La ma\u00f1ana comienza agitada en Lima, toda la gente se dirige apresurada al trabajo asfixiante, a las oficinas enclaustradas. Un transe\u00fante se detiene y le compra unos cigarrillos. \u201cEl d\u00eda comienza bien\u201d reflexiona con simpleza. M\u00e1s tarde aparecen empleados y habitantes de los edificios y compran alguna golosina; un chiquillo encaprichado y berrinchudo hace que su madre le compre chocolates. Para el mediod\u00eda ya hab\u00eda juntado unos cuantos soles y se sent\u00eda casi feliz. De nuevo saca cuentas y ya le va alcanzando. \u201cSe\u00f1or \u00bfqu\u00e9 hora tiene?\u201d dice \u201cSon la una y media\u201d contesta un sujeto que se ve sorprendido por la pregunta de la menuda Lola Luna oculta entre su cajoncito y las golosinas cogiendo con devoci\u00f3n una revista grande y gruesa que hace ver min\u00fasculas sus manos.<\/p>\n<p> A eso de las dos de la tarde un vigilante municipal despavorido grita a sus compa\u00f1eros que est\u00e1n parados en una esquina \u201c\u00a1Traigan los cascos, la marcha ha cogido por la otra avenida y ni con gas lacrim\u00f3geno se quitan!\u201d. Lola Luna abstra\u00edda en la observaci\u00f3n de la revista no escucha nada y s\u00f3lo cuando siente el olor picante y nauseabundo de las sustancias lacrim\u00f3genas, empieza a recoger rapidito sus cosas pero es tarde. El pasaje donde vende se ve inundado por un mar de gente que grita, corre, vocifera, maldice y rompe. Detr\u00e1s viene la polic\u00eda y los municipales disparando al aire, lanzando gas, dando palazos, luego la multitud deja de correr y los enfrenta convirtiendo el lugar en un campo de batalla en que nadie cede ni gana. Lola Luna s\u00f3lo tiene tiempo de protegerse en el dintel de la puerta de un restaurante, pero su cajoncito fue arrollado por la turbamulta y antes de caer al piso para desaparecer entre la multitud, rebot\u00f3 aqu\u00ed y all\u00e1 sobre la gente, desperdigando su vital contenido como una pi\u00f1ata mientras el gent\u00edo se alejaba hacia la plaza.<\/p>\n<p> Una vez pasada la muchedumbre, Lola Luna con los ojos muy abiertos sin poder fijarlos en nada, busca desesperada su cajoncito amarillo o algo que se pueda rescatar. Le arden la vista y la piel y angustiada se agacha a recoger algunos caramelos y un chocolate que se salvaron. Las hojas de la revista tambi\u00e9n destrozada, se agitan y se alejan con el viento y una joven modelo la saluda sonriente ignota a una enorme pisada que le atraviesa la cara. Lola Luna se levanta temblorosa y empieza a caminar en sentido contrario a la manifestaci\u00f3n que a sus espaldas grita \u201c\u00a1Muerte para los traidores del pueblo!\u201d pero que a ella le suena \u201cMuerte al pueblo\u201d. Lola Luna aprieta los dulces contra su pecho y poco a poco con un nudo tieso en la garganta se va a cercando al callej\u00f3n y al llegar a la entrada sin puertas la reciben las paredes verdes comidas por la humedad y el piso informe a punto de reventar. Lola Luna los mira un momento y se echa a llorar desconsolada.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carlos Iv\u00e1n S\u00e1nchez Santa Gadea (___,19__) Escritor LOLA LUNA Lola Luna vive en un callej\u00f3n largo y estrecho atestado de familias, de paredes verdes descascaradas y piso de cemento levantado por la humedad de las ca\u00f1er\u00edas. 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