{"id":1827,"date":"2018-06-13T18:29:21","date_gmt":"2018-06-13T18:29:21","guid":{"rendered":"http:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/?p=1827"},"modified":"2018-06-13T18:29:21","modified_gmt":"2018-06-13T18:29:21","slug":"esther-zorrozua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/?p=1827","title":{"rendered":"Esther Zorrozua"},"content":{"rendered":"<p>(Espa\u00f1a,19__)<br \/>\nDoctora en literatura por la Universidad de Pa\u00eds Vasco. Imparte clases de lengua y literatura en un instituto de bachillerato. Public\u00f3 en colaboraci\u00f3n \u00abLa savia del tamarindo\u00bb (2001) y \u00ab60 relatos, 60 autores\u00bb (2002). Colabora en revistas de papel (Escribir y Publicar, Alborada, Decires) y en la red (Atramentum, YoEscribo, TusRelatos, Almiar, Proyecto Sherezade). Tiene en prensa su primera novela en solitario, \u00abLa casa de La Galea\u00bb, m\u00e1s otras tres novelas y un libro de relatos, de momento, in\u00e9ditos. <\/p>\n<blockquote><p>TARDE DE ENERO<\/p>\n<p>Raquel se march\u00f3 una tarde de enero, cuando ya empezaba a disolverse la luz y una lluvia fina ca\u00eda en silencio sobre las hortensias del jard\u00edn arropando sus yertos tallos con un velo transparente. Se fue sin alboroto, con discreci\u00f3n, como hab\u00eda sido siempre su existencia. Pero, en realidad, hab\u00eda empezado a irse mucho antes.<br \/>\nSu viaje comenz\u00f3 en el mismo momento en que le dio por pensar qu\u00e9 salvar\u00eda si alguna vez tuviese que marcharse. Esa idea le nubl\u00f3 la frente el d\u00eda que por primera vez Tom\u00e1s lleg\u00f3 tarde alegando problemas de trabajo. Raquel no necesitaba pruebas para saber que le ment\u00eda. Su intuici\u00f3n siempre hab\u00eda sido para ella m\u00e1s dolorosa que la incertidumbre en otras mujeres. Pero no dijo nada. Recalent\u00f3 la cena con abnegaci\u00f3n y le acompa\u00f1\u00f3 a la mesa, mientras Tom\u00e1s, entre bocado y bocado, hilvanaba con embustes los hilos de una madeja enmara\u00f1ada que se iba enredando en las entra\u00f1as de Raquel y tiraba de sus v\u00edsceras sin piedad, tratando de remolcar hasta el muelle una barca cuya quilla se hab\u00eda quedado atorada entre las inmundicias del fondo del puerto.<\/p>\n<p>-Te hubiese avisado -forzaba Tom\u00e1s sus explicacioness-, pero est\u00e1bamos demasiado enfrascados en el asunto y perd\u00ed la noci\u00f3n del tiempo.<\/p>\n<p>-S\u00ed, lo comprendo. No te preocupes -restaba ella importancia a lo que pronto se ir\u00eda haciendo costumbre y ni siquiera despertar\u00eda en \u00e9l la necesidad de inventar una excusa.<\/p>\n<p>La ausencia de hijos jalon\u00f3 otra de las fases decisivas. La esterilidad incierta de alguno de los dos, que ni siquiera se ocuparon de dilucidar, interpuso entre ellos un espacio de nadie que jam\u00e1s se atrevieron a hollar con palabras. Pero Raquel no permaneci\u00f3 indiferente a las oleadas de acusaci\u00f3n con que le llegaban cargadas las miradas de Tom\u00e1s. Tampoco pod\u00eda mantenerse insensible a la prol\u00edfica estirpe de ni\u00f1os que iba poblando el vecindario, ignorando su casa y su vientre, oprimidos ambos por las notas mudas de un ensordecedor himno al silencio.<\/p>\n<p>-\u00a1Qu\u00e9 pena! \u00a1Cu\u00e1nto ni\u00f1o hu\u00e9rfano en el mundo! -comentaba ella con intenci\u00f3n ante las dram\u00e1ticas noticias de los informativos, que alternaban reportajes de cat\u00e1strofes naturales y de horrores causados por la mano del hombre. C\u00f3mo le hubiese agradecido a Tom\u00e1s que, por una vez, le prestase atenci\u00f3n y fuese capaz de leer entre l\u00edneas la necesidad que ella sent\u00eda de dar cauce a tanto amor malgastado, pero, sobre todo, de recibir en respuesta la ternura torpe de una caricia, el balbuceo gozoso al estrenar una palabra, la luz de una risa gratuita.<\/p>\n<p>-\u00bfDec\u00edas algo? -preguntaba \u00e9l con desgana en medio de un bostezo.<\/p>\n<p>-No, nada -replegaba velas Raquel ante la indiferencia de Tom\u00e1s y dilapidaba los d\u00edas y las noches tejiendo patucos para ni\u00f1os ajenos e inventando vidas m\u00e1s gratificantes que la suya en pa\u00edses imaginarios donde brillaba el sol, y su hombre la festejaba en vertical y en horizontal, y su vientre se hinchaba cada primavera con la tersura y el terciopelo de un melocot\u00f3n maduro.<\/p>\n<p>Y cuando regresaba de aquel tr\u00e1nsito imaginario sus ojos se anublaban con el caudal de dos torrenteras que se desbordaban sobre su labor tejiendo los patucos en perl\u00e9 y cristal. La agon\u00eda se prolongaba durante horas inacabables mientras esperaba a Tom\u00e1s, que la ten\u00eda condenada a un abandono que le iba diluyendo por dentro.<\/p>\n<p>Fue en uno de esos atardeceres en que el ocaso la encontr\u00f3 ba\u00f1ada en soledad cuando baj\u00f3 la maleta del \u00faltimo altillo del armario y empez\u00f3 a hacer el equipaje. Al plegar la falda de franela gris y colocarla en el fondo de la valija, le asalt\u00f3 la certeza de que Tom\u00e1s ni siquiera la echar\u00eda en falta, que no advertir\u00eda el hueco dejado por su ausencia, que no le buscar\u00eda en el calor del lecho a la madrugada, porque hac\u00eda demasiado tiempo que hab\u00eda dejado incluso de ver su figura et\u00e9rea a la que la costumbre fue adelgazando hasta convertir en invisible, mientras ella segu\u00eda movi\u00e9ndose por la casa con la inconsistencia de un fantasma familiar, atenta s\u00f3lo a las necesidades de \u00e9l.<\/p>\n<p>Esta constataci\u00f3n le empuj\u00f3 a acelerar los preparativos. Se llevar\u00eda s\u00f3lo lo imprescindible, nunca hab\u00eda necesitado demasiado. Al terminar, comprob\u00f3 que todo quedaba en orden: la colada recogida y guardada en los armarios, oliendo a plancha reciente; el peri\u00f3dico sobre la mesa del sal\u00f3n, como a \u00e9l le gustaba; el ba\u00f1o con suficiente reserva de papel higi\u00e9nico y la cena de Tom\u00e1s en el horno.<\/p>\n<p>Pase\u00f3 su mirada en redondo por \u00faltima vez desde el recibidor. Hizo un gesto de aprobaci\u00f3n y sali\u00f3 cerrando tras s\u00ed con cuidado. Un cielo impenitente disparaba agujas heladas a un ritmo de guerra abierta. Atraves\u00f3 la vereda del jard\u00edn a paso r\u00e1pido. Sali\u00f3 a la calle y cerr\u00f3 la cancela a su espalda. Se subi\u00f3 el cuello del impermeable y ech\u00f3 a andar por la acera con la maleta en la mano, hasta que poco a poco su silueta se fue difuminando en la lejan\u00eda, absorbida por la bruma de la tarde de enero en busca de un lugar en que brillase el sol y le calentase su tristeza de musgo antiguo.<\/p>\n<p>E.Z., Berango, 2 abril 2004<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Espa\u00f1a,19__) Doctora en literatura por la Universidad de Pa\u00eds Vasco. Imparte clases de lengua y literatura en un instituto de bachillerato. Public\u00f3 en colaboraci\u00f3n \u00abLa savia del tamarindo\u00bb (2001) y \u00ab60 relatos, 60 autores\u00bb (2002). Colabora en revistas de papel (Escribir y Publicar, Alborada, Decires) y en la red (Atramentum, YoEscribo, TusRelatos, Almiar, Proyecto Sherezade). 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