{"id":29,"date":"2018-06-13T14:02:34","date_gmt":"2018-06-13T14:02:34","guid":{"rendered":"http:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/?p=29"},"modified":"2018-06-13T20:49:58","modified_gmt":"2018-06-13T20:49:58","slug":"reynaldo-santa-cruz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/?p=29","title":{"rendered":"Reynaldo Santa Cruz"},"content":{"rendered":"<p>Reynaldo Santa Cruz,\u00a0escritor peruano de la generaci\u00f3n del &#8217;90.Ha publicado:\u00a0La muerte de Dios y otras muertes\u00a0(1990),\u00a0El arte de Escribir, Introducci\u00f3n a la narratolog\u00eda\u00a0(1998),\u00a0El Evangelio seg\u00fan Santa Cruz\u00a0(1998), sus cuentos aparecen en varias antolog\u00edas en Am\u00e9rica y Europa.\u00a0 Culmin\u00f3 sus estudios de sociolog\u00eda con la tesis \u00abLo real maravilloso, en busca de la identidad perdida\u00bb, tiene adem\u00e1s un posgrado de Literatura Latinoamericana en el Centro de Investigaciones Filos\u00f3ficas de la Casa de las Am\u00e9ricas, en las \u00e1reas de \u00ablas literaturas ind\u00edgeneas despu\u00e9s de la conquista\u00bb y Ter\u00eda de la recepci\u00f3n en Juan Rulfo\u00bb. Ha dirigido los talleres \u00abT\u00e9cnicas para escribir un cuento\u00bb en el Museo de Arte de LIma, Euroidiomas, Asociaci\u00f3n Teatro Estudio Latinoamericano, Asociaci\u00f3n Cultural \u00abLibro Abierto\u00bb, entre otros. Actualmente combina su actividad literaria con la docencia en el \u00e1rea de Literatura.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n dos cuentos de su autor\u00eda:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>NIRVANA(*)<\/h3>\n<blockquote><p>Nunca olvidar\u00e9 el atardecer de 1959 cuando cre\u00ed verla por primera vez, frente al mar de La Habana: El vestido oscuro y los cabellos negr\u00edsimos, y tampoco pude evitar enamorarme al descubrirla escarbando sus sue\u00f1os en la arena.<br \/>\nPero, de pronto, record\u00e9 que ella ya hab\u00eda aparecido antes, claro, en la caverna prehist\u00f3rica, tiritando de fr\u00edo bajo su breve piel de bisonte, acurruc\u00e1ndose al fuego y mir\u00e1ndome fijamente a los ojos.<br \/>\nDebe ser por eso que no me sorprendieron los gestos ni los silencios, esa era su forma de responder en el or\u00e1culo de Delfos a todas mis preguntas sobre el futuro, estirando los brazos como una deidad, para invocar a Febo, el flechador.<br \/>\nMe sent\u00e9 a su lado para escudri\u00f1ar las olas de las playas del este y me invit\u00f3 a camianr por la orilla, yo mir\u00e9 al cielo que oscurec\u00eda y no tuve tiempo para dudar, ya\u00a0 su destreza de bailarina sumerg\u00eda los pies en la espuma del mar. La brisa hizo flamear sus cabellos, lo que me premiti\u00f3, por un instante, ver la delgada dicatriz en su cuello, cerr\u00e9 los ojos y pens\u00e9 en lo imposible de los nuestro aquella triste ma\u00f1ana de 1789, en medio del tumulto de La Bastilla: Yo, siguiendo a los conjurados y ella, guillotinada con los otros nobles.\u00a0 Abr\u00ed los ojos bruscamente, como despertando de un mal sue\u00f1o y me encontr\u00e9 con s\u00f3lo un pu\u00f1ado de huellas a mi lado.<br \/>\nHoy, al inicio del milenio, regreso a la isla y la aguardo pacientemente en el malec\u00f3n, en la catedral o en cualquier esquina de La Habana vieja, para as\u00ed tomar su mirar eternamente.<\/p><\/blockquote>\n<p>\u00a92002 Reynaldo Santa Cruz\u00a0(Nirvana es un cuento in\u00e9dito exclusivo para H\u00edbrido Literario)<\/p>\n<h3><\/h3>\n<h3>UNA NOCHE EN EL PARA\u00cdSO<\/h3>\n<blockquote><p>El cuerpo de Eva es sacudido por las arremetidas de Ad\u00e1n una y otra vez. El sudor se desliza desde su cabellera desmara\u00f1ada\u00a0hasta los flancos de su rostro hermoso y juvenil.<\/p>\n<p>Un aroma emerge de la comuni\u00f3n de ambos cuerpos, un aroma indefinido, intenso, que impregna a todos los objetos de la habitaci\u00f3n con un vaho espeso y lascivo.<\/p>\n<p>Eva clava las u\u00f1as en el pecho de Ad\u00e1n y forja extra\u00f1os arabescos mientras lo arenga con pasi\u00f3n.\u00a0 El sudor sigue su trayectoria y bordea el cuello y los hombros perfectos, asemej\u00e1ndose en su recorrido a un riachuelo platinado.<\/p>\n<p>Ad\u00e1n sonr\u00ede con suficiencia y mantiene impetuoso el ritmo de su cintura, sincr\u00f3nico.<\/p>\n<p>Eva gimotea y mueve la cabeza hacia los lados en un impulso involuntario.\u00a0 Sus facciones se contraen cuando cierra los ojos y la punta de su lengua pretende borrar la marca del pecado de sus labios.<\/p>\n<p>El sudor se precipita, ahora multiplicado en varias l\u00edneas luminosas por la curva de los senos y transita extasiado por la aureola y los r\u00edgidos pezones.<\/p>\n<p>\u00abPor haber hecho esto,\u00a0 maldita seas entre todas la bestias y entre todos los animales del campo.\u00a0 Andar\u00e1s<br \/>\narrast\u00e1ndote y comer\u00e1s tierra todos los d\u00edas de tu vida\u00bb<\/p>\n<p>G\u00e9nesis 3<\/p>\n<p>Ad\u00e1n, de pronto, extrae su sexo encendido y se retira con rapidez, riendo.\u00a0 Eva, como un pez reci\u00e9n capturado, a\u00fan se agita en un espasmo incontenible y abre los ojos con desmesura.\u00a0 El la mira ir\u00f3nico y ella implora con ademanes expresivos la prolongaci\u00f3n del rito.<\/p>\n<p>El sudor no se detiene ante el desaf\u00edo que significan las costillas zarandeadas por una respiraci\u00f3n irregular y contin\u00faa imperturbable, dejando tras de s\u00ed, una d\u00e9bil estela, similar al rastro de un caracol.<\/p>\n<p>Eva no culmina todav\u00eda sus reclamos, cuando Ad\u00e1n se dirige hacia ella con el miembro espumoso y enhiesto, blandido como una pica.\u00a0 Un chillido obsceno revela lo certero de la embestida y se convierte\u00a0 en la se\u00f1al que reanuda el juego de los cuerpos.\u00a0\u00a0 Ahora, las manos de Ad\u00e1n estrujan los pechos firmes y se deslizan en c\u00edrculos arm\u00f3nicos, mientras sus caderas mueven a Eva con \u00e1giles rotaciones.<\/p>\n<p>El sudor arriba al vientre terso de ella y la agitaci\u00f3n de este hermoso cuerpo no impide que la traves\u00eda prosiga inexorable, rumbo a la espesura del pubis.<\/p>\n<p>Ad\u00e1n modifica la ruta de sus manos y las conduce velozmente hacia los cabellos ondulados y largu\u00edsimos.\u00a0 Se aferra a estos con tal vehemencia que consigue arrancar un manojo.\u00a0 Al mismo tiempo una variedad de sonidos guturales se combinan en un afiatado contrapunto.<\/p>\n<p>\u00abEnviar\u00e1 Dios sobre ti hambre y necesidad y echar\u00e1 su maldici\u00f3n sobre todo lo que tus manos toquen,<br \/>\nhasta que seas exterminado y perecer\u00e1s en poco tiempo.\u00bb<br \/>\nDeuteronomio 28<\/p>\n<p>El sudor no se detiene jam\u00e1s y penetra en la jungla.\u00a0 La senda es accidentada, pero \u00e9l es implacable. Su fulgor aparece y desaparece por entre el vello y la piel, despu\u00e9s escala el monte de Venus con serenidad.<\/p>\n<p>Las piernas de Eva no se deciden por una posici\u00f3n, tan pronto figuran extendidas y tensas en un \u00e1ngulo amplio, similar al de un comp\u00e1s,\u00a0 como tambi\u00e9n dobladas, oprimiendo los senos con las rodillas.\u00a0 Un rayo de sol se filtra por los vac\u00edos de la persiana y cae perpendicularmente sobre la espalda de Ad\u00e1n.<\/p>\n<p>Ella se ve elevada por el vigor masculino, que la ha levantado por el dorso, y para no interrumpir el vaiv\u00e9n que taladra sus entra\u00f1as, se prende de la nuca de Ad\u00e1n.\u00a0 El peso es grande, obliga a un esfuerzo, hasta que \u00e9l consigue sentar a Eva en sus muslos.<\/p>\n<p>El sudor ingresa tambi\u00e9n a la guarida h\u00fameda y roza los labios en un largo beso.\u00a0 Al borde del abismo siente como deja de ser \u00e9l para convertirse en una amalgama de fluidos, y se pierde en las profundidades enrojecidas en un descenso lento y pesado.<\/p>\n<p>Eva soporta la primera estocada y aunque trata de instalarse mejor, es muy tarde, ya la imponente lanza empuja hacia arriba sin descanso y los m\u00fasculos de Ad\u00e1n se inflaman.\u00a0 Los pechos\u00a0 brincan en un ritmo ins\u00f3lito y los gestos de ambos revelan un caos de sensaciones.<\/p>\n<p>El lecho rechina en la uni\u00f3n de las patas y los soportes, incapaz de ser ajeno al temblor que lo somete, y su crujido se rinde ante los gritos de Eva.<\/p>\n<p>\u00abVes lo que hacen, las grandes maldades que la gente comete en este lugar para alejarme de mi santuario.<br \/>\nPero vas a ver pecados mayores.\u00bb<br \/>\nEzequiel 9<\/p>\n<p>Ad\u00e1n alardea de su poder y hace girar el cuerpo de su pareja, oblig\u00e1ndola a una postura animal, similar a la de un cuadr\u00fapedo. Ella acepta la variante con docilidad, y es doblegada por los caprichos de su verdugo infatigable.<\/p>\n<p>Inesperadamente Eva se rebela, toma la iniciativa y empuja hacia atr\u00e1s con tal fuerza, que Ad\u00e1n\u00a0 mantiene su posici\u00f3n a duras penas.<\/p>\n<p>Engarzados de este modo, los dos cuerpos se revuelven sobre la cama, alternando la supremac\u00eda con r\u00e1pidos desplazamientos.\u00a0 El cobertor azulado se desliza hacia la alfombra y prepara la ca\u00edda de la pareja.<\/p>\n<p>Ya en el suelo, c\u00e1lido y tupido, Ad\u00e1n impone su fortaleza, aparece como un jinete inmisericorde que jala de los cabellos femeninos como si tirara de unas riendas y consigue encaramarse sobre Eva.\u00a0 Esta aunque se resiste, queda inmovilizada por la violencia de la penetraci\u00f3n y pronuncia un quejido largo.\u00a0 Ad\u00e1n cabalga cada vez con mayor furia y articula un gru\u00f1ido que paulatinamente se hace m\u00e1s intenso.<\/p>\n<p>\u00abEl hombre que qued\u00f3 impuro y no se purific\u00f3, ser\u00e1 exterminado de entre los suyos, pues ha manchado el<br \/>\nsantuario de Dios.\u00bb<br \/>\nN\u00fameros 20<\/p>\n<p>Los gemidos y gritos se entrelazan en un concierto desigual y anuncian la proximidad del fin.\u00a0 Los cuerpos se mantienen vibrantes y unidos de tal manera, que asemejan un ser mitol\u00f3gico.\u00a0 De pronto, la rapidez y precisi\u00f3n del hombre se extingue y su rostro revela una emoci\u00f3n extra\u00f1a mientras abre y cierra la boca.\u00a0 Se aparta s\u00fabitamente, buscando detener la inundaci\u00f3n que parece provenir de todas las c\u00e9lulas de su cuerpo, pero ya es muy tarde.\u00a0 Un l\u00edquido blanquecino y espeso salpica por todas partes, rociando la espalda de Eva y se precipita como una lluvia intermitente por su cabello y su nuca.<\/p>\n<p>Ambos yacen en la cama de la confortable habitaci\u00f3n.\u00a0 Ella mirando al espejo para descubrir a una pareja unida por lo clandestino, y \u00e9l fumando\u00a0 un cigarrillo con delectaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El tiempo recupera su din\u00e1mica para los dos, as\u00ed que\u00a0 deciden vestirse.<\/p>\n<p>\u00abCuando rezan con las manos extendidas, aparto mis ojos para no verlos; aunque multipliquen sus plegarias, no<br \/>\nlas escucho, porque hay sangre en sus manos\u00bb<br \/>\nIsa\u00edas 1<\/p>\n<p>Eva se pone la t\u00fanica marr\u00f3n, luego, la toca almidonada, y se asegura una cadena que sostiene un gran crucifijo.\u00a0 Ad\u00e1n la mira arrobado mientras se cubre con la sotana negra y termina por colocarse el cuello blanco y r\u00edgido.<\/p>\n<p>Afuera, las campanas repican en la catedral.<\/p><\/blockquote>\n<p>El evangelio seg\u00fan Santa Cruz, Lima, 1998<br \/>\n\u00a9Reynaldo Santa Cruz<\/p>\n<h2>Enlaces<\/h2>\n<p><center>\u00a0<a href=\"http:\/\/www.caretas.com.pe\/1474\/cuento\/cuento.htm\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Otro cuento de Reynaldo Santa Cruz: LA ELEGIDA<\/a><br \/>\n<a href=\"http:\/\/www.caretas.com.pe\/1409\/cuento\/cuento.htm\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">La madrugada infinita de Purificaci\u00f3n Condori (otro cuento por Reynaldo Santa Cruz)<\/a><\/center>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reynaldo Santa Cruz,\u00a0escritor peruano de la generaci\u00f3n del &#8217;90.Ha publicado:\u00a0La muerte de Dios y otras muertes\u00a0(1990),\u00a0El arte de Escribir, Introducci\u00f3n a la narratolog\u00eda\u00a0(1998),\u00a0El Evangelio seg\u00fan Santa Cruz\u00a0(1998), sus cuentos aparecen en varias antolog\u00edas en Am\u00e9rica y Europa.\u00a0 Culmin\u00f3 sus estudios de sociolog\u00eda con la tesis \u00abLo real maravilloso, en busca de la identidad perdida\u00bb, tiene adem\u00e1s un posgrado de Literatura&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":30,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[15],"class_list":{"0":"post-29","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-narrativa","8":"tag-peru"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/29","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=29"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/29\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":81,"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/29\/revisions\/81"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/30"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=29"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=29"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=29"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}