{"id":45,"date":"2018-05-28T23:27:44","date_gmt":"2018-05-28T23:27:44","guid":{"rendered":"http:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/?p=45"},"modified":"2018-07-09T23:05:57","modified_gmt":"2018-07-10T04:05:57","slug":"viviana-mellet","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/?p=45","title":{"rendered":"Viviana Mellet"},"content":{"rendered":"<p>Lima, Per\u00fa.<\/p>\n<p>Ha publicado el libro de cuentos La Mujer Alada (Peisa, 1994). Fue seleccionada en la Antolog\u00eda del Cuento Latinoamericano del Siglo XXI (Julio Ortega)<br \/>\nRoland Forges hace un excelente an\u00e1lisis de su libro en Mujer, creaci\u00f3n y problemas de identidad en Am\u00e9rica Latina.<br \/>\nSus cuentos han sido traducido a varios idiomas.<\/p>\n<h3>LA OTRA MARIANA<\/h3>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">La luz. Ernesto se levanta para encenderla. Esta hora siempre lo llena de zozobra.\u00a0 El cielo se pone l\u00edvido y las nubes parecen apurarse, como la gente que, en la calle, corre para alcanzar el colectivo.\u00a0 Los fluorescentes parpadean antes de iluminar la oficina mientras Ernesto vuelve a su escritorio.\u00a0 Termina de anotar n\u00fameros en una planilla, la dobla y la deposita en una gaveta. Luego ordena unos papeles, guarda la agenda dentro del caj\u00f3n, se pone el saco y sale.<\/p>\n<p>En el vest\u00edbulo del edificio el portero toma caf\u00e9 con bizcochos.\u00a0 Se le hizo tarde otra vez, le dice, toc\u00e1ndose la gorra a manera de despedida.\u00a0 \u00c9l le responde encogi\u00e9ndose de hombros.\u00a0 Habr\u00e1 que tomar un taxi, qu\u00e9 remedio, sin auto y a esta hora.\u00a0 No est\u00e1 acostumbrado a caminar por el centro.\u00a0 Normalmente, entra y sale en auto. Con el tr\u00e1nsito s\u00ed sabe defenderse.\u00a0 En cambio a pie tropieza con la gente,pisa la mercader\u00eda de los ambulantes, roza las paredes inmundas.<\/p>\n<p>Detiene el primer taxi que divisa libre entre el barullo de los autobuses y sus bocinas.\u00a0 Sube como quien se aferra a un salvavidas.\u00a0 Ya adentro se da cuerta de que es un carro destartalado, con los asientos cubiertos de\u00a0 cretona descolorida y sucia.\u00a0 Huele a pescado y el conductor parece ser de los que hablan de pol\u00edtica.\u00a0 \u00c9l no tiene ninguna gana de conversar, pero mientras el auto alcanza la avenida siente un gran alivio, casi felicidad.\u00a0 Va camino a casa.\u00a0 El aire que entra por la ventanilla malograda lo despeina, se lleva el olor a pescado y el centro va quedando atr\u00e1s.\u00a0 Tambi\u00e9n van quedando atr\u00e1s los edificios enmohecidos y la muchedumbre, y la noche se define ya sobre los \u00e1rboles de la avenida.\u00a0 Reci\u00e9n repara en que el taxista no ha tomado la v\u00eda expresa.\u00a0 \u00a1Demasiado tarde!\u00a0 Es de los que les gusta conversar y no le importa demorarse con los sem\u00e1foros cada dos cuadras; esto es m\u00e1s bien un agradable pretexto para prolongar la charla.\u00a0 El hombre le est\u00e1 contando una nueva versi\u00f3n de la \u00faltima bola que la ye comentaron a la hora del almuerzo: el surgimiento de un nuevo grupo terrorista, al parecer de extrema derecha.\u00a0 \u00c9l responde con monos\u00edlabos.\u00a0 S\u00f3lo piensa en llegar a casa, pegarse un duchazo y tomarse un whisky en las rocas en el saloncito a media luz.\u00a0 Hoy fue un d\u00eda de mi\u00e9rcoles.\u00a0 Es mi\u00e9rcoles y \u00e9l s\u00f3lo quiere sentarse en el saloncito\u00a0 media luz y ver un v\u00eddeo. El taxista insiste en que el nuevo grupo terrorista es el resultado de los p\u00e9simos sueldos de los polic\u00edas, que ahora est\u00e1n resentidos con el gobierno.<br \/>\nErnesto aprueba, alguna pel\u00edcula con muchos exteriores, mucho verde y mucho azul; una mujer rubia como Ursula Andress o Bo Derek, en una playa tropical o algo as\u00ed.\u00a0 S\u00ed&#8230; efectivamente, muy mal pagados los tombos.\u00a0 El taxista se ha entusiasmado en su pl\u00e1tica porque hay algo que obstruye el tr\u00e1nsito; un \u00f3mnibus inmenso de lado a lado.\u00a0 Y ahora, con el auto detenido, puede especular a sus anchas sobre lo que dir\u00e1 esa no he el ministro del Interior.<\/p>\n<p>Es entonces\u00a0 cuando Ernesto la ve. \u00ab\u00a1Mariana!\u00bb, piensa.\u00a0 Bajo la luz verde de un aviso de ne\u00f3n su palidez se acent\u00faa d\u00e1ndole un aire fantasmal.\u00a0 Es fantasmal, adem\u00e1s, la aparici\u00f3n, pues se trata del negativo de Mariana.\u00a0 Id\u00e9ntica, pero opuesta.\u00a0 Lo que en Mariana es esbeltez, en la muchacha es debilidad; lo que en Mariana es vivacidad, en la otra nerviosismo; lo que en una es atributo, en la otra es imperfecci\u00f3n. El taxi sigue detenido.\u00a0 Ernesto paga.\u00a0 Me\u00a0 bajo aqu\u00ed, dice, sin esperar el vuelto.\u00a0 Si no fuera porque sabe que en estos momentos Mariana debe de estar accionando el control remoto, la puerta del garaje abri\u00e9ndose suavemente, las llantas del Jaguar estrujando como celof\u00e1n el cascajo del porche, jurar\u00eda que lleva una doble vida.<\/p>\n<p>Tienes una doble, le dir\u00eda m\u00e1s tarde, igualita a ti, caminando por otras calles, viviendo una vida en direcci\u00f3n exactamente opuesta a la tuya.\u00a0 Si no fuera porque sabe que Mariana regresa del vernissage de la Chichi, feliz con su nuevo M\u00e1rquez.\u00a0 La sigue subyugado por el fant\u00e1stico parecido y por la direfencia abismal. Y porque siente que ha ingresado a otra dimensi\u00f3n de espacio y de tiempo, y que \u00e9l tambi\u00e9n se ha desdoblado, y que el hombre que camina detr\u00e1s de la muchacha no obedece ya a su voluntad.<br \/>\nEl pelo le llueve sobre los hombros -opaco, sin cremas, sin tratamientos, sin hebilla de carey- a esta caricatura de Mariana que libera el seguro de un coche oxidado y lo empuja con una mano.\u00a0 La otra la tiene ocupada con una bolsa llena de pan.\u00a0 El ni\u00f1o que va a pie se coge de su falda, lloroso.\u00a0 Upa, le pide.\u00a0 Ella lo mira con desasosigeo y le dice algo que Ernesto no alcanza a o\u00edr.\u00a0 Est\u00e1 a unos diez metros y ha empezado a seguirla sabiendo que es absurdo, pero que lo har\u00e1 de todos modos. La muchacha se interna por una calle oscura.\u00a0 Unos palomillas juegan pelota en la pista.\u00a0 La pelota alcanza al ni\u00f1o que transforma su gimoteo en llanto franco y se niega a seguir caminando.\u00a0 La mano de Mariana -pero sin anillos Cartier, de plata quemada con oro, de brillante ruso- Suelta el coche para\u00a0 consolar con una caricia al ni\u00f1o que solloza.<\/p>\n<p>El coche empieza a resbalar acera abajo.\u00a0 Ella lo alcanza y lo detiene con brusquedad.\u00a0 Ahora el bebe del coche tambi\u00e9n est\u00e1 llorando.\u00a0 Tres panes han ca\u00eddo de la bolsa y han rodado hasta un charco.\u00a0 Mariana -que no est\u00e1 acostumbrada a lidiar con los ni\u00f1os, porque para eso est\u00e1n las nanas- se impacienta, insin\u00faa un pataleo, levanta la voz, pero temina por cargar al ni\u00f1o.\u00a0 Echa a andar empujando el coche con la pierna. La pierna de Mariana que olvid\u00f3 depilar, que no depila, que afeita con la prestobarba del marido.\u00a0 Ernesto adivina la aspereza de la pantorrilla de la otra Mariana que dobla la esquina haciendo malabares con el coche.\u00a0 Las l\u00e1grimas y los mocos del hijo resbalan por el hombro encorvado.\u00a0 Ha oscurecido ya pero Ernensto contin\u00faa con la sensaci\u00f3n de abandono del crep\u00fasculo.\u00a0 Por las ventanas que dan a la vereda ve los televisores encendidos en los comedores.\u00a0 Las familias comen mudas, absortas en las palabras del ministro del Interior.\u00a0 A esta Mariana se le acab\u00f3 el gas, seguro, y esta noche, para la cena, servir\u00e1 pan con palta y caf\u00e9 con leche.\u00a0 Est\u00e1 cansada y desesperada porque los dos ni\u00f1os lloran a la vez y todav\u00eda tiene que ir a hervir agua a casa de la vecina.<\/p>\n<p>En casa, Mariana ha encendido la radio -hoy hay programa de jazz-, fuma un cigarrillo y, arrellanada en el sof\u00e1, decide que ya es tiempo de cambiar el tapiz de la chaise longue.\u00a0 Tal vez algo como oriental y unas palmeras hawaianas detr\u00e1s&#8230; y, en la pared, el nuevo M\u00e1rquez&#8230; O no, mejor una ensalada de frutas y, parada junto a la carretilla del frutero, sus alpargatas percudidas pisan unas c\u00e1scaras de pl\u00e1tano.\u00a0 Y a Ernesto le asombra cu\u00e1nto tiene de Mariana, su Mariana sin las ventajas de su protecci\u00f3n, de su amor y de toda su prosperidad.<\/p>\n<p>Cu\u00e1nto de vulgar y desde\u00f1able en el cansancio de esta muchacha.\u00a0 Y sin embargo, por qu\u00e9 Ernesto siente, a la vez, una amarga ternura.\u00a0 Un riesgo en la vida de Mariana eliminado en el preciso instante de jurarle hasta que la muerte nos separe.\u00a0 Entonces \u00e9l todo se lo ofrece, porque una mujer as\u00ed se merece lo mejor del mundo. \u00bfQu\u00e9 se merece este calco borroneado de Mariana? \u00bfAcaso puede acercarse a ella y tenderle la mano? \u00bfSacarla de esta dimensi\u00f3n\u00a0 como si la arrancara de una vi\u00f1eta? Y recuperar a Mariana de cuando todav\u00eda\u00a0 todo era una posibilidad.\u00a0 Hundir la cara en su axila tibia y jurarle, te voy a hacer feliz, Mariana, te voy a dar todo lo que te mereces, tendr\u00e1s lo que se te antoje.\u00a0 Pero, por favor, no cambies la mirada, no adoptes ese gesto de desd\u00e9n en la boca, no pongas m\u00e1s esa cara de aburrida satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cruzar\u00e9 la calle, piensa Ernesto, mientras la muchacha escoge unas naranjas.\u00a0 Le dar\u00e9 la espalda y no mirar\u00e9 m\u00e1s a este remedo triste de Mariana.\u00a0 Es cuesti\u00f3n de s\u00f3lo cinco o seis cuadras y ya estar\u00e1 caminando por las calles arboladas de su barrio, llegando a su casa, sintiendo el crujir del cascajo bajo los pies y luego lo mullido de la alfombra.<br \/>\nMariana le mostrar\u00e1 con suficiencia su nuevo M\u00e1rquez y le anunciar\u00e1 que un shantung albaricoque le cae al pelo a la chaise longue.\u00a0 Y Ernesto le dir\u00e1, envuelto en la bata de felpa, y con el vaso en la mano y los cubos de hielo tintineando, tienes una doble, Mariana; aqu\u00ed cerca , al otro lado del parque.\u00a0 Ella lo mirar\u00e1 desde el rabillo del ojo, que qui\u00e9n en ese barrio puede parecerse a m\u00ed, por favor, Ernesto&#8230;\u00a0 Una muchacha en alpargatas, cargada de bolsas, cuyo hombro h\u00famedo Ernesto desea tocar ahora, para rescatarla de su chata existencia y, acaso, recuperar una mirada.<\/p>\n<p>Pero Mariana lo mira desde muy adentro de la historia en la que est\u00e1 atrapado. Lo mira con esa mirada de reproche y le est\u00e1 diciendo que qu\u00e9 hace ah\u00ed parado, que la ayude con las bolsas, que se le acab\u00f3 el gas, caramba, que cu\u00e1ndo le comprar\u00e1 el bal\u00f3n de repuesto. \u00a1Carga, pues, hombre! -le est\u00e1 diciendo, malhumorada, como siempre-. No puedo con tanto peso. \u00a1Ah! Y te advierto: no hay ni gota de agua.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lima, Per\u00fa. Ha publicado el libro de cuentos La Mujer Alada (Peisa, 1994). Fue seleccionada en la Antolog\u00eda del Cuento Latinoamericano del Siglo XXI (Julio Ortega) Roland Forges hace un excelente an\u00e1lisis de su libro en Mujer, creaci\u00f3n y problemas de identidad en Am\u00e9rica Latina. Sus cuentos han sido traducido a varios idiomas. LA OTRA MARIANA La luz. Ernesto se&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1843,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[15],"class_list":{"0":"post-45","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-narrativa","8":"tag-peru"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/45","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=45"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/45\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":86,"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/45\/revisions\/86"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1843"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=45"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=45"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/hibridoliterario.com\/sitio\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=45"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}